Parashat Vaieshev 5761

Tiempo para soñar, tiempo para concretar

"Ésta es la historia de la familia de Iaacov [Jacob]: José, siendo de 17 años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José informaba a su padre de la mala fama de ellos." (Bereshit / Génesis 37:2)

¿Sabemos acaso por la Torá la edad de Avraham cuando recibió el llamado de partir de su mundo cotidiano, para transformarse en el peregrino del monoteísmo?
¿La Torá nos deja conocer con precisión la edad de Itzjac al ser amarrado por su padre como ofrenda al Eterno?
¿Nos informa la Torá de la edad de Iaacov al partir rumbo a Jarán, realmente hacia su crecimiento personal, huyendo de su hermano Esav?
¿Está escrito cuantos años contaba Moshé cuando maduró y reconoció la inhumano situación de sus hermanos hebreos esclavizados por Mitzraim?
La respuesta es NO.
Si las sabemos es por el concurso de nuestros jajamim y la tradición oral (o los cálculos certeros).
Y de modo similar ocurre con otros personajes, de los cuales desconocemos su edad en momentos cruciales de su vida.
Entonces, si la Torá es tan parca en datos accesorios, y en elementos innecesarios, ¿para qué nos cuenta que este joven Iosef tenía 17 años cuando estaba siendo malcriado por su padre, y chismeando acerca de sus hermanos, y soñando sueños de grandeza?
Las respuestas pueden ser varias, pero una de ellas es la siguiente: nunca es demasiado pronto para soñar con superarse.
Quizás la situación no sea la más ajustada para concretar los sueños.
Quizás el sujeto no esté en una etapa de desarrollo personal apropiada para hacer de las anheladas metas un esbozo de realidad.
Quizás los ideales soñados sean virtualmente imposibles o improbables de alcanzar.
Pero, si nunca nos proponemos la grandeza, el crecimiento, el mejoramiento, la evolución (propia y ajena), ¿cómo pretendemos lograrlo?

Y así como nunca es temprano para soñar con algo mejor, tampoco nunca es tarde para iniciar la lucha para alcanzarlo.
Januca, esta fiesta que nos recuerda la valentía y el heroísmo, la decisión de vencer a las enormes dificultades, y el valor que hay que desarrollar para valorar los valores reales (aunque a veces inmateriales), fue iniciada por un hombre en el ocaso de su vida (Matitiahu el sacerdote), pero que sin embargo, no hesitaba en luchar por liberarse del yugo de las opresiones de lo que erosiona el alma y aniquila la existencia.

Así pues, siempre es tiempo de soñar en ser mejores, y siempre es tiempo para dejar de soñar y ponerse a conquistar el éxito verdadero, que es el que se logra sobre lo que no es correcto.

Shabbat Shalom les desea Yehuda Ribco

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Destellos de la parashá

La narración de las peripecias de Iosef, desde su actitud de infante mimado y malcriado, hasta transformarse en "Iosef HaTzadik" – "Iosef el Justo", es el tema central de esta parashá.
Iosef es considerado como prototipo de persona, y modelo de las vicisitudes que en general (con sus variaciones) puede vivir el individuo o el colectivo.
Con su ejemplo a la vista, es posible comprender que todas los incidentes tienen uno o varios motivos y finalidades, y que quizás no podamos llegar a percibirlos en su cabal magnitud.

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