El Eterno te ha ordenado, y es uno de los 613 mandamientos, que debes:
"amar a tu prójimo como a ti mismo" (Vaikrá / Levítico 19:18).

Por supuesto que si el amar fuera un elemento netamente emocional, sería imposible que se nos ordenará tal cosa, puesto que no tenemos el control directo sobre nuestra emotividad.

Por tanto, deducimos fácilmente que el amar es algo distinto, algo que quizás incluye en cierto aspecto el sentimiento, pero que no se reduce solamente a él.

El amar, como ya hemos enseñado en otra oportunidad es:
hacer algo positivo por otra persona,
de manera voluntaria, desinteresada y que no nos ocasione ningún daño.

El amar es obrar constructivamente en aras del beneficio de otra persona y esto sí se nos puede ordenar hacer.

Así pues, cuando desde la Torá surge la proclama "ama a tu prójimo", debes comprender claramente que no se te está exigiendo sentimientos, buenas intenciones del corazón, sino que actúes para beneficiar realmente a esa otra persona que está junto a ti.
Ciertamente que si obras en procura de edificar al prójimo (sin menoscabo para ti), más pronto o más tarde emergerá también un sentimiento positivo, amoroso, de cariño y ternura. Pero, ten presente que este sentimiento no es previo a la acción, sino que aparece como producto de las buenas acciones a favor del prójimo.

No siento cariño y por eso te beneficio,
sino que,
porque te beneficio, siento cariño hacia ti.

Esto ha de quedar claro.

Ahora, prestemos atención a la segunda parte del mandamiento: "como a ti mismo".
Mucho es lo que podemos aprender de estas simples palabras, pero una de las primeras enseñanzas es:
para amar a tu prójimo,
debes tener la capacidad de ponerte en su lugar,
en la medida de tus posibilidades.

Si tú te pones por un instante en el lugar del otro,
seguramente que tendrás una actitud mucho más favorable,
más comprensiva,
mayormente de construcción.
Esto no quiere decir que presupongas lo que el otro siente, piensa, quiere o cree.
Recuerda que uno de los postulados de la Comunicación Auténtica sostiene que no debemos presuponer lo que el otro tiene en su mente o corazón, sino que debemos preguntarle con humildad, para que de esa forma se establezca una comunicación que sea auténtica.
Pero, sí puedes ubicarte mentalmente en la situación que está atravesando el otro,
para comprender que sería aquello que a ti te agradaría o no que hicieran por ti.

Ejemplo: hay una persona ciega en la acera, amaga a cruzar pero el pesado tránsito la detiene, dudosa y temerosa al borde.
Entonces tú decides dar cumplimiento al mandamiento de amar a tu prójimo como a ti mismo.
Por lo cual, mentalmente te pones en su lugar por un segundo y te dices: si yo estuviera en esa situación, ¿no querría que alguien al menos me preguntara si quiero ayuda para cruzar la calle?
Con esta idea en mente te acercas a la persona ciega y le preguntas, amablemente si la puedes ayudar en algo.
Tú no supones que te dirá que sí.
Tú no la tomas del brazo y la cruzas, sin siquiera preguntarle qué quiere.
Tú no actúas movido por tus ideas y pareceres, sino que te movilizas para conocer qué es el que el otro precisa de ti.

De esta manera estás dando cumplimiento al precioso mandamiento de amar al prójimo, y a través de la Comunicación Auténtica, realmente lo llevas a cabo con esplendor.

Te brindo otro ejemplo.
Tu hijito te pide agua, pero tú estás muy muy atareado jugando al solitario en la computadora. Le dices que ya vas, que espere a que termines la partida… y así te quedas 10, 15, minutos jugando. En tanto el niño sigue con sed, o con deseo de recibir atención y cariño de su padre.
Entonces, un rayo cruza tu mente y te retumba un eco: "ama a tu hijo, que es lo más próximo que tienes, como a ti mismo".
Y te dices de repente, como despertando: si yo fuera mi hijo, ¿cómo me sentiría de ver a mi padre enamorado de su tonto juego de solitario en vez de quererme a mí?
Y si te hiciste esta pregunta, al ponerte en el lugar de tu prójimo más próximo, entonces no dudo de que te levantarás y en medio segundo estarás dándole el agua a tu hijito.
¿No es así?

Comienza a practicar, pues con la repetición y el ejercicio será para ti un saludable hábito.
Ama a tu prójimo como a ti mismo.