De Elokim es el poder, pero tú decides

Cuando Dios extrajo a los judíos de Egipto, sucedió algo curioso:

"Más bien, Elokim hizo que el pueblo diese un rodeo…"
(Shemot / Éxodo 13:18)

En vez del camino directo, fue uno lateral. complicado, lleno de dificultades a la vista y ocultas.
En lugar de hacer un trámite veloz, tomó su tiempo, bastante por cierto.
Pudiendo haberlos dirigido milagrosamente, de un instante al siguiente hacia el destino marcado, escogió que el pueblo diese un rodeo, que avanzase a paso de hombre, que hiciese su propia marcha.
Teniendo ilimitados recursos para que los recién liberados disfrutaran de su nuevo estado, Él eligió algo diferente, que claramente no era disfrute y descanso, sino brega, sacrificio, vacilaciones, esfuerzo, dudas.
Una elección divina, que humildemente el hombre puede considerar extraña, al menos.

¿Por qué no hizo lo que la lógica humana prefiere?

Los motivos para el rodeo los expresa la propia Torá, los exégetas han comentado al respecto en abundancia.
Tenemos a mano varias opciones para que esta decisión divina no nos incomode, pero además tenemos la oportunidad de aprender algo para nuestra vida cotidiana.

¿Sabes qué puede ser?

Te comparto mi idea.

Tenemos la propensión a dominar.
Nos creemos en posesión del poder.
Creemos que nuestros rezos obran maravillas.
Que esos pensamientos que decoramos se asocian con fuerzas universales para beneficiarnos, por el mero hecho de pensar en positivo.
Nos encanta alborozarnos con fantasías de dominio, de demostración de nuestra potencia.
Sí, el EGO hace un buen trabajo conduciéndonos por esas rutas llenas de imaginación y manipulación.
Afanosamente buscamos tener al otro bajo nuestro influjo, controlar todo y a todos. Nos aseguramos para no dejar caer nada fuera de nuestro alcance.
Hasta tenemos la soberbia de ordenarLe a Dios qué mandados nos tiene que hacer, que deseos cumplirnos, cómo trabajar para satisfacernos.
En nuestro burdo orgullo humano hasta se inventan religiones en las cuales el dios muere violentamente para “salvar” a los que creen en él de sus propios pecados. ¡El absurdo a su máxima potencia!
Vanidad incoherente, llena de orgullo vil. Suponer a un dios vengativo, maligno, que desea el mal del pecador y le cancela toda posibilidad de arrepentimiento, pero al mismo tiempo es capaz de sacrificar injustamente a “su hijo”, o a “sí mismo” (en eso tampoco se ponen de acuerdo los idólatras), para que el baño en esa sangre derramada sirva de insólita salvación para el que solamente tiene fe sin más.
Ridículo, pero así se maneja el EGO. Y sabemos que todas las religiones son expresiones externas del mismo.

¿Pero, qué nos enseña el Eterno?
A vivir a pleno, a ser responsables, a no angustiarnos por lo que no podemos controlar, a no culparnos por lo que está por fuera de nuestro poder.
Somos responsables de elegir aquello que podemos elegir, pero todo el resto ya no depende de nosotros.
Eso nos libera.
Nos pone en nuestro lugar.
Ya no nos creemos el ombligo del mundo, ni pretendemos ordenar a Dios que nos haga los favores.
Tampoco someteremos al prójimo a nuestras vulgaridades y vanidades.
Más bien, seremos humildes en verdad.
Predicaremos el camino con nuestra conducta.
Pues son nuestros actos nuestra mejor carta de presentación.

La paz interna, que se trasmite hacia fuera, de saber que uno controla una ínfima parcela del universo, una pequeñísima área sobre la que ciertamente tenemos poder.
Todo el resto, está por fuera de nuestra decisión.

Como solía decir Eliezar HaKapar:

“Los que nacen, morirán, los muertos, revivirán y los vivos juzgados serán.

Sabe, haz saber y que sea sabido, que Él es Dios, Él es el Hacedor, Él es el Creador, Él es el entendido, él es el Juez, Él es el testigo, Él es el demandante, Él es el que en el futuro juzgará. Delante  de Él,  no hay  injusticia, ni olvido, no reconoce semblantes, no acepta sobornos, pues todo es de Él.

Y debes saber que todo es [meticulosamente] calculado.

Que no te engañe tu instinto pensando que puedes escapar del castigo. Pues a la fuerza eres engendrado, forzosamente naces, ineludiblemente vives, y forzosamente morirás y a la fuerza tendrás que rendir cuenta y cálculo delante del Rey que es el rey de los reyes, el Santo bendito Él.”
(Avot 4:28)

(Recomiendo: http://www.meirtv.co.il/site/content_idx.asp?idx=54445&cat_id=3912)

Sobre “forzosamente naces”, comenta el magno príncipe Maimónides:

“…no dice: “Forzosamente pecarás o transgredirás o caminarás o te detendrás y cosas por el estilo” pues todas estas cosas dependen de la voluntad del ser humano, y no están predestinadas [ni nadie lo obliga] Como aclaramos en el capítulo octavo de la introducción al Pirké Avot.”
(Traducción R. Itzjak ben Uzi Sakkal)

Así pues, goza del pan de cada día, toma decisiones correctas, vive a pleno, disfruta el momento, sé feliz, no dejes de hacer tu parte y especialmente fluye, aparta el EGO de tu mente y corazón, ya no finjas ser el amo, porque eres una sagrada mota de polvo en la inmensidad infinita de la creación.

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