Fin de las discordias

Hemos estudiado en las fuentes de la Tradición (Cabalá)
que nuestra esencia es parte del Creador,
en Él estamos conectados de una manera incomprensible para nuestra mente limitada por el espacio/tiempo.

Ese Yo Esencial,
la NESHAMÁ (espíritu) desdibuja las diferencias que se imponen a causa del materialismo.

Si estuviéramos absolutamente en el mundo de la Verdad,
no habría posibilidad de contienda,
ni de lucha,
ni de amargura,
sino unidad en el Uno,
goce en la contemplación,
aunque no te puedo decir si conservando como propios los rastros mnémicos del individual pasaje por el mundo terrenal.

Allí, en ese lugar sin espacio,
en ese momento sin tiempo,
en esa individualidad sin individuos,
la existencia es por completo diferente a la que conocemos, a lo que alcanzamos a imaginar.

Pero, en ese mundo esa identidad superior queda olvidada,
en la trastienda de montón de máscaras y cáscaras,
donde el que resalta es el Yo Vivido, que no suele estar en sintonía con el Yo Esencial.

Es más frecuente que el Yo Vivido esté adoctrinado por el EGO,
a que se oriente por la NESHAMÁ.
Es habitual desparramar las oscuridades del egoísmo, necedad, ambición,
en lugar de abrir las ventanas para que irradie la LUZ de la NESHAMÁ con su plenitud de vigor y dicha.

Cada vez que chocamos en este mundo a causa de nuestras circunstancias, reaccionamos a través del personaje que somos,
en vez de permitir a la NESHAMÁ que nos conduzca y así resolver las cuestiones de manera pacífica, cordial, mesurada, justa y buena.

Por ello, la imperiosa necesidad de aprender y cumplir el lema de:
construir SHALOM en todo momento, adentro y fuera, con acciones (pensamiento/palabra/acto) de bondad y justicia.
Porque esa es la manera de expresar nuestro Yo Esencial y educar al Yo Vivido a estar afinado con el concierto cósmico de los servidores leales del Eterno.

Así adquirimos buena vida aquí
y excelentes frutos allá.

Quiera el Eterno que estas palabras sean para pronta, total y completa recuperación de mi hermano Efraim ben Bluma, y de la Sra. mamá de nuestro querido amigo Uriel Chaves.
Que sus vidas sean largas y plenas en este mundo, en compañía de sus seres queridos y que a los 120 años encuentren solaz en la eternidad con todas sus buenas obras como tesoro.

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