Historias que se repiten

Hace unas semanas leímos en la Torá cuando la matriarca Rajel se llevó sin permiso los terafim, esos instrumentos supersticiosos que empleaban algunos para imaginar que adivinaban las cosas de cualquier tiempo y lugar, propiedad de su padre.
Éste creía poseer dichos elementos, pero en realidad era un usuario atrapado por esa droga del EGO, por lo cual, al verse desprotegido, en impotencia, entró en desesperación y persiguió a Iaacov y su familia para reclamar los objetos que él consideraba sagrados, a los que llamaba dioses.
Iaacov estaba seguro de que nadie en su familia podría haber robado y mucho menos elementos de idolatría, por lo cual con confianza y firmeza dijo:

«La persona en cuyo poder halles tus dioses, que muera.»
(Bereshit / Génesis 31:32)

¡Cuánto cuidado debemos tener al hablar, al expresarnos cualquiera sea el canal!
Recordemos que no actuar a partir de presuponer es uno de los fundamentos de la Comunicación Auténtica.
En esta situación el patriarca llevado por su integridad dejó de lado uno de estos principios de la construcción de SHALOM, y el resultado fue nefasto para Rajel, para él, para los hijos de ambos, para toda la familia, para el cosmos quizás.
Tengamos presente siempre los cuatros factores de la CA, porque así nos prevenimos de males y además aportamos al bienestar.

Esta semana en la Torá encontramos que Iosef ordenó a su gente que planté su copa, esa con la que él decía adivinar, en los bártulos de su hermano Biniamín. Era parte de un complicado plan para que su hermano permaneciera viviendo por siempre a su lado, lejos de los otros hermanos, a los que Iosef consideraba malvados. Estaba muy equivocado, tanto en su artimaña como en la evaluación acerca de sus hermanos, pero él no lo supo hasta más adelante. El hecho es que la guardia imperial persiguió a los hermanos, los detuvo y les acusó de haber robado el objeto que el patrón consideraba sagrado y de alto poder mágico.
Los hermanos, confiados y seguros de que nada de eso pudiera ocurrir dijeron con plena firmeza:

«Aquel de tus siervos en cuyo poder sea hallada la copa, que muera; y nosotros seremos esclavos de mi señor.»
(Bereshit / Génesis 44:9)

¿No les suena conocido de algún lado este párrafo?
A mí sí, porque lo acabo de copiar en este post y tú lo acabas de leer más arriba.
¡Son casi idénticas las palabras y las reacciones!
Y la guardia imperial tras hacer adrede una escena dramática encontró la copa entre las pertenencias del más joven de los hijos de Iaacov.
La estantería se les cayó al piso, a todos.
Los hermanos no lo podían creer, el pequeño (ya un señor grande y con varios hijos, pero era el más chico de ellos) había resultado ser un ladrón, o al menos alguien que se lleva recuerdos de los hoteles cuando está de viaje. Según el midrash pasaron otras cosas, como que los hermanos acusaron a Biniamín de ser ladrón e hijo de una ladrona y lo golpearon y etc. Pero esto no es lo que vamos a tratar ahora.

¿Qué es lo que sí vamos a trabajar ahora?
Pues… me lo dirás tú en los comentarios que amablemente publicarás aquí debajo (por favor, que sea en la página en serjudio.com que corresponde al post, tendrás el link más abajo si lo estás leyendo en alguna red social).

Espero tu sabiduría y/u opinión.
Muy agradecido, hasta luego.

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