Línea Beshalaj

Beshalaj es una intensa parashá, de variada temática, destacamos:

  1. la salida de los hebreos de Egipto;
  2. la crisis ante el mar de las cañas;
  3. el pasaje por el mar partido en dos;
  4. el hundimiento de los notables de Egipto en el mar;
  5. el canto de alabanza de Israel junto al mar de las cañas;
  6. las quejas de Israel por no tener agua y el endulzamiento de las aguas salobres en Marah;
  7. la orden para los israelitas de ir asumiendo nuevos mandamientos y hacerlos partes de su vida;
  8. la llegada a un oasis abundante en Eilim;
  9. la queja por el deseo de saborear imaginarios manjares que se disfrutaban en Egipto;
  10. el envío de codornices para saciar su deseo por carne;
  11. la Presencia del Eterno manifestada por una nube;
  12. el sustento a través del man (maná) y las reglas acerca de él;
  13. el comienzo de las instrucciones que hacen de Shabat un día especial en la relación del judío con el Eterno;
  14. otra vez protesta el pueblo por la falta de agua en Refidim, la sublevación llega a extremos que parecerían desembocar en actos violentos, en esta oportunidad Moshé es ordenado a golpear una roca de la cual brotará agua;
  15. el cobarde y traicionero ataque de Amalec en contra de Israel;
  16. la batalla contra Amalec y la obligación de recordar sus acciones para preservar la integridad de Israel;
  17. la erección de un altar, denominado “Hashem Nisí”, en recuerdo a la lucha allí acontecida.

Ser esclavo es vivir en impotencia, derrotado, bajo el mando de otros, pero sin embargo tiene alguna especie de ventaja, pues por lo general es una impotencia conocida. Se tiene idea de los límites, se sabe más o menos aquello que no se puede ni debe. Se vive con bajas expectativas, débil, pero de cierta forma en un marco seguro por su estable amargura y opresión.
No es casualidad que la mayoría terminemos esclavizados, encerrados en celditas mentales, acomodados en la zonita de confort, dependientes de aplausos y sonrisas falsas, sedientos de aprobación de gente a la cual no le importamos, entreverados con aparatos y consumos varios que nos mantienen adoctrinados, adormecidos, paralizados en nuestros sistemas de creencias.

Romper con los esquemas de pensamiento, no permitir al EGO reinar en nuestras vidas, anhelar y trabajar por alcanzar algún grado de libertad, nos pone en una situación desagradable. Se pierden los marcos de referencia que usamos en la esclavitud, ya no aguardamos a responder automáticamente de acuerdo al adiestramiento que hemos recibido, tenemos la responsabilidad de salir de la celdita mental de no aceptar las cosas porque sí, de no estar embrutecidos y ciegos por la fe.
Sí, la libertad es oportunidad de muchas bendiciones y beneficios, pero también el terreno fértil para que florezcan multitud de impotencias, para las cuales no siempre sabemos cómo resolverlas positivamente.

Esto es lo que encontramos entrelazado en los relatos de la parashá.
Los estremecimientos del nacimiento a la libertad, de ser paridos como una nueva nación soberana.
Con sus consiguientes impotencias, reales e imaginarias, y la constante aparición del EGO tutelando las reacciones.
Quejas, protestas, sublevaciones, falta de agradecimiento, desconexión de la realidad, afanes desmedidos y sin contemplación, olvidar rápidamente lo bueno que se ha disfrutado recién para añorar un falso pasado de esplendor. El actuar bajo la doctrina del EGO finalmente provoca estar a merced de Amalec, el destructor que solamente quiere una cosa: aniquilarte. No gana nada. No recibe premios, no se lleva botín, no conquista tierras, no aprisiona nuevos esclavos para sus trabajos forzados, no rapta mujeres para poseerlas, ni siquiera tiene la torpe esperanza de recibir 70 vírgenes en un ilusorio e irreal paraíso. Nada espera a cambio de destruirte, solamente el placer de hacerlo.

Por ello, es necesario tomar en cuenta las enseñanzas y no dejarlas pasar.
Para estar conscientes de la presencia del EGO, tanto el interno como sus representantes materializados en el mundo, como por ejemplo la religión, Amalec y lo que fuera.
Estar despiertos a sus trampas y optar por vivir con nobleza y construyendo SHALOM.
Las ocasiones en las cuales nos topamos con la impotencia no terminan nunca, es una constante en tanto habitemos este mundo. A ellas se les suman las impotencias que imaginamos, que son las que pueblas las mayorías de nuestras pesadillas, los fracasos, el hundimiento en la oscuridad que nos opaca de nuestra verdadera identidad espiritual.

Estemos atentos, construyamos SHALOM por medio de acciones de bondad y justicia; sigamos estudiando para aplicar.

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