Resp. 3605 – En la primer batalla contra Amalek

aqui va una cuestion que me gustaria que me responda sobre este pasaje biblico:

Exodo 17,8-14

Si la voluntad de Dios era que ganaran, ¿qué necesidad había de que Moisés mantuviera levantado un tronco de madera con sus brazos en alto? ¿No es como un acto de hechicería?

Aldair Montes de Oca, alias José Fraga.
Mexico, DF.
Ocupacion: Medico Cirujano.
Otra ocupacion: Critico literario.
Edad: 35 años.

Shalom,
“¡Bendito el que viene en el nombre del Eterno!” (Tehilim / Salmos 118:26).
Bienvenido y gracias por enviarnos su interesante misiva.

Veamos este pasaje:

Entonces vino Amalec y combatió contra Israel en Refidim.
Y Moshé [Moisés] dijo a Iehoshua [Josué]: -Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cima de la colina con la vara de Elokim en mi mano.
Iehoshua [Josué] hizo como le dijo Moshé [Moisés] y combatió contra Amalec, mientras Moshé [Moisés], Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina.
Sucedió que cuando Moshé [Moisés] alzaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando bajaba su mano, prevalecía Amalec.
Ya las manos de Moshé [Moisés] estaban cansadas; por tanto, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y él se sentó sobre ella. Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol.
Y así debilitó Iehoshua [Josué] a Amalec y a su pueblo, a filo de espada.
Entonces el Eterno dijo a Moshé [Moisés]: -Escribe esto en el libro como memorial, y di claramente a Iehoshua [Josué] que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.”
(Shemot / Éxodo 17:8-14)

Como podemos apreciar, a diferencia de ocasiones anteriores el Eterno no ordena a Moshé que lleve el báculo en su mano, sino que el profeta lo toma por sí mismo. Y con él sube a la colina.
En esta batalla, a diferencia de ocasiones recientes anteriores, el Eterno no combate por las huestes de Israel, sino que son estos recién liberados israelitas los que deben empuñar las armas para la auto-defensa.
En esta batalla, a diferencia de los eventos anteriores, no hay un milagro manifiesto, el Todopoderoso actuando directamente para resguardar a Sus fieles.

¿Por qué Moshé tomó la vara?
¿Acaso porque tenía fe en el poder de ella?
¿Acaso como un añejo Harry Potter supeditaba su poder a los movimientos de su varita mágica?

Por supuesto que no es una cuestión de magia, como es muy fácil reconocer.
Aquel que tenga ojos abiertos y mente clara, que me acompañe.

Los israelitas que estaban combatiendo habían sido adiestrados para ser esclavos, miserables entre los deleznables, paja entre el pastizal.  Sin preparación militar, sin técnicas, sin conocimiento de estrategia, sin poder físico, sin manejo de armas… sin todo lo que tenían sus enemigos, los de Amalec que eran libres de nacimiento, duchos en guerras, arteros para la guerrilla, hábiles carroñeros.
Para peor, estos villanos amalecitas habían actuado de mala fe, a traición atacaron a los más débiles, de sorpresa avasallaron a los que no estaban atentos ni preparados.

¿Cómo podrían los israelitas vencer?
Por supuesto que no por las armas… sería como que el ejército de mi querido Uruguay pudiera vencer al ejército de Rusia.
Por supuesto que no con artimañas, puesto que los amalecitas eran expertos en mentir, falsear, en actuar como perfectos terroristas.
Por supuesto que no por la magia, puesto que los israelitas habían recién comprobado a ciencia cierta que la magia no tiene ningún poder ante la Voluntad de Dios. ¿Dónde habían terminado los maestros de la brujería que copaban Egipto? ¿De qué le había valido al Fararón los catedráticos en artes oscuras? ¡De nada! Y eso lo habían experimentado en persona los hebreos…

Así pues, debían salir a desigual lucha, con una única arma a disposición: la confianza en Dios.

¿Cómo podrían confiar en Él?
¿Acaso habían sido educados en Torá, en perfeccionamiento espiritual, en fidelidad a Dios?
¿Acaso era gente moralmente preparada?

Pues no.
Ellos necesitaban “algo” en que apoyarse para poder confiar.
Por supuesto que esto no es loable, no es meritorio… pero eran personas que hasta hacia una semana habían sido esclavos, en la más negra de las esclavitudes. ¿Podemos juzgarlos por ser endebles en su confianza, desde la comodidad de nuestros sillones delante de nuestros teclados?

Ese “algo” era el bastón que poseía Moshé.
Nosotros sabemos que el bastón no tenía ningún poder, que no era un mecanismo para realizar magia, que no atraía poderes metafísicos para obtener satisfacciones.
Nosotros los sabemos, pero aquellos pobres recién liberados no lo podían saber, no entraba dentro de sus corazones afiebrados por el terror.

Así pues, confiaron en Dios a través de visualizar las manos en alto de su líder que sostenía el bastón con el cual se habían operado verdaderos milagros.
Y su confianza les dio fuerzas ocultas, propias de ellos, pero que no se saben manejar conscientemente.
Y así fueron fuertes, y con la ayuda oculta de Arriba lograron lo imposible: vencer en su primer batalla al poderoso ejército de carroñeros de Amalec.

Israel venció, porque confió en Dios.
El bastón fue un… bastón, algo en lo cual apoyarse cuando uno no está firme sobre sus dos pies.
Con el paso del tiempo, con el aprendizaje, con la experiencia, con el estudio de Torá cada vez fue menos necesario bastones de apoyo, puesto que iban creciendo espiritualmente, comprendiendo que no hay mediadores entre la persona y Dios, que no hay varitas de intermediación ni cosas mágicas que sirvan de atajo hacia Dios.

La Voluntad de Dios se cumplió, ellos vencieron; fueron ellos los que vencieron, y no solamente fueron receptores pasivos de un milagro.

Si le quedan dudas pertinentes, hágalas llegar.

Iebarejejá H’ – Dios te bendiga, y que sepamos construir Shalom.

Moré Yehuda Ribco

 

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