El rezo bien dirigido

"Habla a los hijos de Israel y diles que cuando alguno de vosotros presente una ofrenda al Eterno, ésta será…"

(Vaikrá / Levítico 1:2)

En épocas de Rabí Pinjás, el Sidur (libro de oraciones), basado en las kavanot (meditaciones) de las letras hebreas, escrito por Rabí Itzjac Luria, el gran cabalista, acababa de ser publicado.
Los discípulos del tzadik Pinjás obtuvieron su permiso para rezar según esta nueva versión, supuestamente mejorada, del tradicional Sidur.
Pasado un tiempo se presentaron ante su maestro y se quejaron, porque, desde que lo usaban para hacer sus plegarias habían perdido la sensación de conectarse con Dios, de sentir sus vidas llenas por medio de la recitación de las tefilot (rezos).
Y no comprendían la causa, pues, ellos seguían rezando con ánimo, pero, el rezo no los colmaba.
Rabí Pinjás les enseñó: "Ustedes pusieron toda la fuerza y la intención de sus pensamientos en las meditaciones de las palabras sagradas, en la combinación cabalística de las letras, tal como ese libro de rezos les guía a hacer. Pero, se apartaron de lo esencial: hacer de su corazón una ofrenda para Dios, y dedicarse por entero a Él. Es por esto que perdieron el sentido de vitalidad y santidad que emana de la oración bien hecha."

(Versión libre basada en un relato jasídico de Martin Buber)

 

Destellos de la parashá

El Libro de Vaikrá (llamado en español como Levítico), también se es conocido en hebreo como: Torát Cohanim ("Las Leyes de los Sacerdotes").
Esto es así porque contiene principalmente reglamentos y prescripciones referidas a los korbanot (ofrendas, sacrificios) que se presentan en el Mishkán (Tabernáculo), mientras aún no había sido construido el Beit HaMikdash (Templo de Ierushalaim).

Los korbanot son de distintas categorías, de diversas especies, y con funciones diversas; pero, en todos hay un objetivo en común: aproximar al ser humano a su Creador.

Como en la actualidad no poseemos un Mikdash, y por lo tanto no se nos permite efectuar estos rituales, nuestros Sabios enseñaron que la Tefilá (plegaria) puede servir como el medio privilegiado para tal fin. Pero, solamente si se reza de la manera correcta, esto es, con profunda intención, meditando en cada aspecto de nuestra oración, y ofrendando al Eterno el corazón con cada palabra.

Sin esperar recibir nada a cambio.

Sin negociar con nuestra plegaria.

Sin pretender convertir a Dios en nuestro siervo, sino a nosotros en sus files hijos y súbditos.

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