La primogenitura del otro hijo

En el kidush de ayer al mediodía, mientras conversábamos de importantes temas de la parashá Toledot, un apreciado mitpalel y amigo del minián del Centro Maimónides de Montevideo lanzó una interesante pregunta. Le dije que trataríamos de analizarlo luego, en la charla que se establece en la seudat shelishit, pero hubo que posponerlo ya que apareció un inesperado huésped, el muy querido rav Mijael Rubinstein que estaba de visita de Israel en Uruguay por estos días. Fue el rav Mijael quien nos disertó y compartió de su sabiduría en esos sagrados momentos de despedida del Shabat. Valió la pena mantener la respuesta para obtener el afecto y conocimiento del rabino.

La pregunta que está pendiente de respuesta es: ¿Cómo sabían de la importancia de la primogenitura? Ya que tanto estaba en juego con ella según relata la parashá. El amigo Marcos quería saber dónde estaba establecido esto en la Torá, porque no lo recordaba de las narraciones anteriores.

Primera respuesta.
La Torá no cuenta, ni pretende hacerlo, todos los detalles de los acontecimientos.
Nos aporta los datos que quiere el divino autor, el resto queda en el conocimiento de los Sabios que lo compartirán eventualmente, o en registros de la época, o en las explicaciones que surgirán a su debido tiempo, etc.
Por tanto, si no encontramos una descripción en la Torá, ni se dilucida un tema… ¡no es para desesperar!
Habrá forma de llenar el bache, de manera más acertada o no.

Segunda.
Los patriarcas no nacieron de repollos en mitad de una isla desierta, sino que era personas insertas en sociedades con determinadas culturas, costumbres, tradiciones, etc.
Que sean asuntos de hace tres o cuatro mil años no quita un gramo a la importancia del contexto socio-cultural.
La realidad que ellos estaban haciendo nacer, la de una espiritualidad saludable y comprometida con el materialismo, no era obstáculo para conocer y compartir los usos habituales de su tiempo y lugar.
Por tanto, probablemente era un hecho social aceptado que el hijo primogénito tenía alguna preferencia a la hora de obtener beneficios familiares. Sea en vida de los padres o tras sus partidas de este mundo.
No debemos sorprendernos de que así fuera, ni suponer que es una cuestión elaborada en el seno de la familia de los hebreos. Por lo visto, podría ser una costumbre compartida.

Tercero.
La semana que viene leeremos la parashá Vaietze, en la cual Iaacov se enamora de Rajel y trabaja por ella siete años, para desposarla. Pero, el padre de la novia hace un cambio, y engañosamente casa a su hija Lea con nuestro patriarca. Cuando Iaacov le increpa, Labán le retruca: “-No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor.” (Bereshit / Génesis 29:26).
Por lo visto no solamente los varones tenían privilegios familiares de acuerdo a su edad, sino también las mujeres.
Por lo cual, en la familia de Itzjac era conocida la costumbre de favorecer al primogénito, sin necesidad de que la Torá abunde en anécdotas al respecto ni nos refiera todos los usos y hábitos de la época.
Era un hecho establecido socialmente, el mayor tiene mayores derechos que sus hermanos.
¿No nos gusta? Ciertamente no, pero los antiguos tuvieron sus motivos, tontos o valiosos, para inventar esta cuestión.
¿Podemos cambiarlo? Algunas cosas sí, otras no lo permite la ley.

Cuarto.
La Torá esboza un motivo para esta predilección del primogénito y la remonta al primer nacimiento de un ser humano.
Atendamos con atención: “El hombre conoció a Java [Eva] su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín. Entonces ella dijo: ‘¡He creado un varón, como el Eterno!‘” (Bereshit / Génesis 4:1).
Sí, la impresión que tuvo la primer mujer con NESHAMÁ fue que concebir y parir un hijo era una acción que asemejaba a la mujer al Creador.
Ella era como Dios por el hecho de traer una vida al mundo.
¿Estaba muy errada? Dejo para ti que filosofes al respecto.
El hecho cierto es que el acto natural de parir de pronto cobró dimensión sagrada cuando la conciencia espiritual atravesó la mente de nuestra original matriarca.
Desde ese día Caín era diferente al resto, no solo por ser el primer humano concebido por humanos, sino porque manifestaba la divinidad de la mujer… según ellos creían.
No en vano al segundo hijo le llamó Ebel/Abel y no hizo proclamas de motivos. ¿Sabes lo que quiere decir Ebel? Si no, busca en serjudio.com que algún texto de nuestra autoría lo explica. Comparte luego el link en los comentarios, aquí debajo de este post (el publicado en serjudio.com no los reproducidos en redes sociales y otros medios).
Comprobando los acontecimientos posteriores, ¿tenía razón Javá/Eva con esta presunción de la importancia espiritual del primogénito?
Sería interesante que reflexionaras tu respuesta.

Quinto.
Era de tal importancia social, remarco lo de social, la primogenitura que en el pretérito Israel así como en otros pueblos el sacerdocio era una tarea para los primogénitos. No había casta sacerdotal, ni una profesión de libre acceso, sino que el derecho estaba reservado por orden de aparición en el mundo en el seno de una familia.
Sí, sin dudas que las personas tenían una fuerte creencia al respecto, elevando a alguien a un pedestal por el mero hecho de ser el primero de los engendrados en una familia.
¿Tiene alguna validez espiritual esta apreciación cultural?

Sexto.
Si tomamos en consideración la explicación del exégeta Abrabanel, el primogénito tenía una función fundamental en la continuación de las cosas del hogar en caso de faltar el padre, o de éste no poder más cumplir sus funciones de padre. Como hijo mayor se encargaba de los bienes y personas, tomaba decisiones, se hacía responsable. Más que privilegios la primogenitura representaba cargas, una mochila muy pesada para sobrellevar. Quizás por esto también se compensaba con más dinero, beneficios, etc. No porque se jugara con injustos favoritismos, sino porque era lo justo en general.
Tomando en consideración esto, podemos comprender más cabalmente el verso: “Itzjac [Isaac] amó a Esav [Esaú], porque en su boca tenía caza; mientras Rebeca amaba a Iaacov [Jacob].” (Bereshit / Génesis 25:28).
Itzjac amaba el hecho que Esav podía hacerse cargo de la familia, sabía cazar, tenía habilidades sociales, era un hombre de acción, podía ocupar el rol de líder en caso de ser necesario. Era, o eso parecía, un buen exponente de primogénito, capaz de hacerse cargo de los asuntos familiares en caso de hacer falta. Sabiendo esto, podemos comprender mucho mejor el siguiente pasaje, que de otra manera sería bastante confuso: “Aconteció que cuando Itzjac [Isaac] había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía ver. Entonces llamó a Esav [Esaú], su hijo mayor, y le dijo: -Hijo mío. Él respondió: -Heme aquí. Le dijo: -He aquí, yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y ve al campo a cazar algo para mí. Luego hazme manjares como a mí me gusta. Tráemelos para que coma, y yo te bendiga antes de que muera.” (Bereshit / Génesis 27:1-4).
Le estaba poniendo a prueba, para ver si era efectivamente un buen proveedor para la familia.

Séptimo.
En la parashá vemos que el que proveía alimentos era Iaacov, el plato de lentejas a su hermano, el chivito asado para su padre.
Comprobamos que tenía astucia, habilidad para negociar, inteligencia para sortear dificultades.
Era lo que precisaba un primogénito, de acuerdo a su función culturalmente aceptada.
Tal vez por ello compró el derecho, que de otra forma parece impensado sea objeto de compra/venta, uno nace primogénito no lo adquiere… ¿no es así?
Pero, si la primogenitura fuera en realidad, en su contexto histórico, no un asunto meramente de orden de nacimiento sino de idoneidad para un rol… ahora comprendemos mejor esta historia y algunas otras más.

¿Tendrá el apreciado Marcos suficiente respuestas con estas ideas?
¡Esperemos que no!
Que siga estudiando, preguntando, aprendiendo, compartiendo, creciendo.

Ahora, una invitación muy especial.
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¡Nos vemos allí!
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Opiniones y respuestas

  1. Shaul Ben Abraham Shaul Ben Abraham (1340) ‍‍5/12/16 - 6 Kislev 5777 {Link}
    Tema muy interesante que espero comentar más prolijamente después; por el momento comento que de acuerdo a las tabletas de Nuzu, según comenta el arqueólogo C.H. Gordon en Biblical Customs and the Nuzu Tablets, se puede comprender el pasaje de la venta de de la primogenitura y que a nosotros nos puede parecer extraño, pero de acuerdo a esa fuente es un acontecimiento similar en la que un hombre llamado Tupkitilla transfiere a su hermano, llamado Kurpazah, una arboleda completa, que ha heredado, a cambio de tres ovejas. Un negocio muy similar y desproporcionado, pero dadas las normas de la época es muy normal. Así mismo hay muchas otras escenas que describe la Torá que son contextualizadas y comprendidas por documentos del período.
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