¿Día de la mujer?

Hoy, 8 de marzo, en algunas partes celebran el “Día internacional de la mujer”.
En el judaísmo, creo entender, lo celebramos a diario.
De hecho, si no fuera por las mujeres difícilmente habría judíos ni judaísmo.
¡Y no es un chiste!
Porque es obvio que precisamos mujeres para venir al mundo, al menos hasta que la tecnología o alguna mutación genética no determine otra cosa.

Haré una muy breve reseña y no pretendo cubrir la totalidad, sepan disculpar.

Tenemos a las matriarcas hebreas, de las cuales provenimos los judíos. Tanto los que son descendientes biológicos como espirituales, de estos últimos como aquellos que se convierten y pasan a ser hijos de Israel, idénticos a los otros.
Sin esas madres de la nación, no estaríamos aquí.

Están las parteras hebreas, de las hebreas, en Egipto.
Esas heroínas que se opusieron al gobernante terrestre más poderoso y temible.

Las hebreas, quienes lograron convencer a sus maridos de seguir conviviendo y trayendo hijos al mundo.
En una época en la cual los varones, apesadumbrados e impotentes a causa de la esclavitud y el maltrato sin esperanza, preferían la soltería estéril a intentar formar familias vitales.

Las hebreas, quienes no formaron parte de los que adoraron al becerro dorado.

La profetisa Miriam, mujer valiente y noble, entregada a la misión de rescatar a su familia, a su pueblo y mantenerlo unido y en crecimiento.

Jana, la madre del gran profeta Shemuel, mujer valiente e inteligente que inventó lo que hoy es el núcleo principal del rezo, que es la plegaria silenciosa (Amidá).

Esther, la reina que se entregó a todo tipo de sacrificios personales para lograr salvar a su pueblo de la completa aniquilación a manos de los perversos.

Y la lista sigue, tanto para atrás como para adelante en la historia.

Es un desmerecimiento tener un solo día que celebre a la mujer, debiéndoles tanto a tantas.
Igualmente, es bueno que el mundo haya tomado conciencia de las injusticias y precariedades con las que se trata a la mujer, así como a otros en nuestras sociedades.
Es bueno que se vaya abriendo la mente y el corazón al cambio necesario para convertir este mundo en un verdadero paraíso terrenal.

Para lograrlo realmente es imprescindible que vivamos de acuerdo al plan sagrado, que se puede resumir como “construir SHALOM”, por medio de acciones (pensamiento/palabra/acto) de bondad y justicia.
Si lográramos ese nivel de sintonizar el Yo Vivido al Yo Esencial, nuestra personalidad a nuestra NESHAMÁ, la tarea sería cumplida con eficacia y prontamente.

Mientras tanto, sigamos construyendo SHALOM, aprendiendo, enseñando, difundiendo.

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