Retorno a Sión en parashat Pinjás

«Entonces se acercaron las hijas de Zelofejad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Menashé [Manasés], de los clanes de Menashé [Manasés] hijo de Iosef [José]. Los nombres de ellas eran Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Ellas se pusieron de pie a la entrada del tabernáculo de reunión ante Moshé [Moisés], el sacerdote Eleazar y los dirigentes de toda la congregación, y dijeron:
-Nuestro padre murió en el desierto, aunque él no participó con los del grupo de Koraj [Coré] que se juntaron contra el Eterno, sino que murió por su propio pecado; y no tuvo hijos.
¿Por qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de su clan, por no haber tenido un hijo varón? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.»
(Bemidbar / Números 27:4)

No, ellas no estaban reclamando nada para ellas directamente.
Su pancarta no era en pro del “mujerismo” o del “feminismo” o del “hembrismo”, aunque muchas veces se las pueda tomar en un rol parecido.

Miremos bien lo que está escrito: ellas estaba reivindicando el derecho a que el nombre del padre no se perdiera de la memoria comunitaria. Traducción: el nombre de una persona, judía y de aquella época, se asociaba directamente con la tierra en la que viviera y en la cual vivirían sus hijos.
Es decir, el pedido de las sabias mujeres no era para ser consideradas con los mismos derechos que los varones, o para ocupar sus lugares, (ellas tenían sus derechos completos y sus lugares apropiados), sino que la porción de tierra en Israel que perteneciera al padre mantuviera su “identidad” familiar, que no se borrará del recuerdo.
¿Cómo preservar el nombre del padre si no hay varones que hereden el “apellido” (que no existía en aquella época)?
¡Obteniendo una parcela en la tierra de Israel a nombre del padre!

Hay un vínculo profundo entre la tierra de Israel y sus moradores judíos.
Es como un lazo matrimonial, en el cual ambos se escogen, se acomodan a convivir, se necesitan, crece uno si crece el otro, se apoyan mutuamente, se extrañan si no están, se hacen uno junto al otro.
Si “enviuda” la tierra, estará melancólica por su pareja, querrá que se mantenga la conexión con los descendientes del fallecido. Así el nombre de la familia se mantiene.

Si la persona no sabe comportarse en su terreno, se encontrará con problemas para morar allí, como vemos: «Guardad, pues, todos Mis estatutos y todos Mis decretos, y ponedlos por obra. Así no os vomitará la tierra a la cual Yo os llevo para que habitéis en ella.» (Vaikrá / Levítico 20:22).

El retorno de Israel a su tierra no es meramente un hecho nacionalista, ni un derecho histórico indiscutible e innegable, ni una cuestión sentimental, sino que lo anterior y también un tema espiritual y que toca las fibras más profundas e íntimas de la identidad judía y de la tierra judía.

El retorno a Sión es poner las cosas en su lugar, que la pareja vuelva a unirse para convivir en paz.

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Jose Pablo Fernandez

Rabino Este comentario suyo «Es como un lazo matrimonial, en el cual ambos se escogen, se acomodan a convivir, se necesitan, crece uno si crece el otro, se apoyan mutuamente, se extrañan si no están, se hacen uno junto al otro» me parece el ejemplo descriptivo mas completo y simple que he tenido la oportunidad de estudiar con relación a la conexión divina entre pueblo y tierra de Israel de acuerdo con los mandatos de la Torah. No le pude comentar las «razones» ( que no son razones en si ) de mi decisión de conversión pero creo que sería… Read more »

Jose Pablo Fernandez

Perdón, quise decir «empezó en el 2001»

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