נָשֹׂ֗א – Nasó y la construcción de SHALOM

Nasó es la segunda parashá del libro Bemidbar/Números y estos son algunos de sus temas:

  • Censo de algunas familias de levitas para determinar el número de varones en edad laboral y sus correspondientes tareas relativas al Santuario.
  • En algunas situaciones de impureza se regula que los afectados residan fuera del campamento y que retornen al restaurarse su estado de pureza.
  • Procedimientos para aquel que erró en su conducta en su relación personal con Dios.
  • Algunas instrucciones para el manejo de situaciones de infidelidad matrimonial.
  • Leyes para el “nazir”, que es quien se abstiene de gozar de determinadas cosas que son lícitas, con la finalidad de perfeccionar su carácter o por considerarlo un paso más en su “religiosidad”.
  • Birkat Cohanim, fórmula prescrita por Dios para que los cohanim (miembros de la familia sacerdotal) canalicen la bendición del Eterno sobre sus hermanos israelitas.
  • Enumeración de las ofrendas que trajeron los dirigentes tribales durante doce días con motivo de la inauguración del Mishkán (Santuario, templo móvil), cada día traía su ofrenda un líder diferente.

Consideremos brevemente una de las temáticas, la Birkat Cohanim (bendición sacerdotal).
Hace siglos ha sido incluido para formar parte integral del Sidur (libro de rezos), en ocasiones la pronuncia públicamente el shaliaj tzibur (oficiante) al finalizar la Amidá (plegaria central) en el beit kneset (sinagoga).
A veces, cuando hay cohanim presentes en las Altas Festividades éstos pasan al frente para bendecir a la comunidad con amor y santidad, ya que en esos momentos canalizan la bendición divina que desde lo Alto fluye para la congregación judía.
También, en cada rezo de Shajarit en muchas de las sinagogas sefaraditas se acostumbra a que sea parte del rito habitual, aunque a veces solo reservado para Shabat Shajarit y Musaf.
O en Musaf de festividades en las comunidades ashkenazitas.
Como también ya es tradicional la masiva concurrencia al Cotel haMaarabí (muro occidental) durante los días intermedios de las festividades de Pesaj y Sucot, para la reunión de miles de descendientes idóneos de la estirpe aarónica bendiciendo a Israel.
Puede haber otras variantes, por supuesto, ya que éste no es un texto extensivo halájico.

También es una bella y sana costumbre que los padres honren con ella a sus hijos e hijas en la noche del viernes, antes del kidush (rezo de santificación) del Shabbat. En ese ambiente de gozo y recogimiento, de familia y santidad, de presente y eternidad, cuando el mundo parece cambiar para mejor, es tiempo indicado para el reencuentro de padres con hijos, hijos con padres. Siendo así estas palabras son denominadas Birkat HaBanim (bendición de los hijos -e hijas-). Costumbre que se ha extendido también para agraciar y felicitar el feliz momento de la bar o bat  mitzvá, por ejemplo. En estas oportunidades se prologan las frases de la bendición sacerdotal con aquellas destacadas claramente en el Sidur (consultar allí, no sea de convertir este post en micro manual para chapucerías de los falsos judíos mesiánicos y otros desviados similares).

Según refiere Maimónides (Hijot tefilá 14:14), en épocas del Beit HaMikdash (Templo) la pronunciaban los cohanim al concluir el servicio de ofrendas diario matinal para remarcar el beneplácito de Dios por las obras buenas del hombre. El hombre traía sus sacrificios para honrar al Eterno, para acercarse de esa manera a Él; entonces Él les respondía por intermedio de Sus ministros, que eso eran los cohanim, bendiciendo con amor por sus acciones nobles.
Algo similar acontece al finalizar la oración de Neilá, que cierra la intensa jornada de reflexión y restauración que es Iom Kipur, como sello divino de aprobación de que nuestras acciones han sido gratas ante Dios.

Esta bendición comienza con las palabras: “יְבָרֶכְךָ ה‘ וְיִשְׁמְרֶךָ” – “iebarejejá Hashem beishemereja”, que podemos traducir como: “Te bendiga el Eterno y te guarde (o cuide)”.

Resulta interesante advertir que menciona que Dios bendiga y que además cuide. Porque, podría creerse que la bendición divina incluye algún tipo de protección para no padecer amarguras. ¿No es así? Tal como creen y pontifican esos supersticiosos que consideran que realizar obras de bondad, o cumplir mandamientos, sirve de mágica póliza de seguros, ya que afirman estar ejecutando un procedimiento que obliga a Dios obrar según sus miserables requerimientos.
Entonces, con sus amuletos, panfletitos “sagrados”, repeticiones salmísticas, fotos de rabinos, bailoteos, pensamientos falsamente positivos, bisutería cabalistera, actos de caridad, palmoteos, lecturas bíblicas, pactos con la deidad y otras cuestiones pretenden obtener aquello que están esperando…

Pero, un gran pero, al estudiar esta sección junto a los grandes maestros de Torá, comprendemos que si bien la bendición del Eterno es esencial, no es un escudo mágico que salva de penurias que acontecen habitualmente en nuestras vidas.
Rezar es genial, pero hay que trabajar, consultar al médico, comer sano, hacer ejercicio, combatir, aconsejarse con el psicólogo, descartar conductas nocivas, bajar de peso, estudiar ciencia, esforzarse, prepararse para la guerra, acuartelarse, entrenar, tomar buen recaudo, ahorrar, invertir, entre otras cosas mundanales pero que resultan de vital importancia.
Porque, no todo viene de arriba, aunque todo es por bendición de Arriba.
Porque no todo es bueno ni para bien, por lo cual hay que tener cuidado de no ponerse en situaciones arriesgadas ni estar a la espera de milagros que suplan lo que nuestra conducta debe aportar.
Porque, depende del milagro cuando es nuestra acción es la necesaria es símbolo de pereza, necedad y rebeldía.

Es por ello importante ser precavidos, prudentes, cuidadosos, no derrochar la bendición, ser activos y no esperar que desde lo Alto nos resuelvan todas las necesidades y conflictos.
Dios bendice, pero nosotros somos los que actuamos para construir nuestro Shalom y el del prójimo, tal como explica Ramban (Najmánides) en este versículo.
Y por ello, de fundamental importancia no olvidar y tener siempre presente que debemos construir SHALOM con nuestra conducta, por medio de pensamientos/palabras/acciones de bondad Y justicia.
Así pues, cuidado, mucho cuidado, con esos lobos disfrazados de pastor/oveja, que te venden versiones religiosas del Eterno tan lejanas a la espiritualidad.

Dios procura Su bendición, seamos nosotros dignos de disfrutarla y de hacer de ella un motivo de dicha solidaria.

Finalicemos con una frase del gran escritor Bashevis Singer: “Si te pasas diciendo que las cosas irán mal, tienes altas probabilidades de acertar”.
¿Comprendes cómo se relaciona esta genial frase con el texto que estamos compartiendo?

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