Como sabemos, la Torá habla el idioma de las personas, no hay conceptos rebuscados, ni lenguaje metafísico.
Habla para que la persona capte literalmente el mensaje.
Ahora bien, ¿cómo se puede narrar cuando el Eterno obra en Este Mundo?
Si Él es un «algo» completamente incomprensible, totalmente diferente a todo lo que existe, imposible de percibir por nuestros sentidos y captar por nuestras ideas… ¿cómo hacer para señalar Sus actos en el mundo material?
Pues, usando el idioma de los hombres.
Hablamos de «Mano de Dios», cuando se quiere indicar Sus obras.
«Brazo de Dios», por Su fuerza ejercida en el mundo.
«Ojo de Dios», cuando se quiere señalar Su evaluación y/o percepción.
Y se dice «Rostro de Dios» cuando se busca simbolizar hacia dónde se dirige Su acción, atención y/u objetivo.
También representa la Presencia de Dios, pues como se dice en muchos idiomas «cara a cara», significa estar frente a alguien.
(Para aprender más, recomiendo la lectura de la «Guía de los Perplejos», de Maimónides, I:37).
Lejos de los fieles suponer que el Eterno pueda una faz como la de los humanos o de cualquier otra criatura.
Si le quedan dudas pertinentes, hágalas llegar.
Iebarejejá H’ – Dios te bendiga, y que sepamos construir Shalom.
Moré Yehuda Ribco
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