El segundo día del becerro de oro

YR Por Rav Yehuda Ribco
22/07/2019 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

El segundo día del becerro de oro

Por Rav Yehuda Ribco • 22/07/2019 • Material de estudio para la mesa de Shabat

Alguien me dijo que en la Wikipedia, en la entrada “Shammai” se encuentra el siguiente texto, que le llamó muchísimo la atención:

Según el Talmud, el día que aprobó una de sus ordenanzas, contraria al pensamiento de Hilel, ese día “fue tan nefasto para Israel como el día en que el becerro [de oro] fue hecho”
(Tratado de Shabat, 17a)

Le dije a la persona que no se debería confiar en la Wikipedia ciegamente, y menos que menos cuando de cosas de judaísmo se trata.
Luego le pedí paciencia para que pasado el Shabat, que estaba por comenzar, pudiera escribirle una respuesta a su duda, que es la que ahora compartimos.

Ante todo, comencemos citando textualmente al Talmud en esa sección y luego una afinada traducción:

ואותו היום היה הלל כפוף ויושב לפני שמאי כאחד מן התלמידים והיה קשה לישראל כיום שנעשה בו העגל
Ese día, Hillel se inclinó y estaba sentado ante Shammai como uno de los estudiantes.  Y ese día fue tan difícil para Israel como el día en que se hizo el becerro de oro.

Vemos que el problema no radica en que la halajá (la ordenanza) fue instituida de acuerdo a la perspectiva de Shammai, sino por algo que específicamente está escrito: que Hillel, que era el Nasí (el presidente de la asamblea de los rabinos, el líder espiritual del pueblo judío de su época), se vio obligado a presentarse ante Shammai en posición sumisa.
O sea, no es el resultado de la ley promovida, sino la circunstancia de la “humillación” del que ostentaba el poder ante el que siempre se encontraba en segundo término.

Recordemos que no eran épocas fáciles para el pueblo judío y que la inestabilidad en el ambiente de los dirigentes repercutía en el pueblo, al mismo tiempo que era un síntoma de cómo se encontraba el pueblo.
Por ello la Guemará sigue relatando que:

וגזור שמאי והלל ולא קבלו מינייהו ואתו תלמידייהו גזור וקבלו מינייהו
Y Shammai y Hillel promulgaron el decreto, y la gente no lo aceptó. Y sus estudiantes vinieron y emitieron el decreto, y la gente lo aceptó de ellos.

Es evidente que la cuestión principal no era si la ley promulgada era más así o más asá, ni si fue Shammai quien por una vez logró doblar la votación legislativa hacia su postura.
Acá estaba molestando otra cosa al pueblo, y es lo que el Talmud asimila con el día nefasto del becerro de oro.
¿Qué es?

Que por una extraña vez el disenso entre estos sabios llegó a extremos poco recomendables.
Que hubo violencia, o al menos amenazas de la misma.
Que el proceso de preservación y transmisión del conocimiento sagrado se vio manchado por acciones escabrosas, que deben ser evitadas en extremo.
Sin dudas guarda paralelismos con el día del becerro, porque debía ser de suprema alegría, al recibir el pueblo los dones del Eterno: las Tablas de Piedra, la Torá escrita, la Torá oral; y sin embargo por quedar atrapados por las bajezas del EGO transformaron ese día en uno de duelo y desolación.

Que los sabios disputen es bueno, que manifiesten su perspectiva, su saber, su adecuación del contenido a la realidad, todo ello es grandioso.
Pero también hay que guardar las formas, no permitir que la pasión domine, sino el intelecto orientado por el espíritu.
No dejar que el EGO someta a la NESHAMÁ.
Que fue lo que aconteció ese triste día, probablemente un 9 de Adar.

Así pues, no fue la promulgación de un reglamento contrario al parecer de Hillel el motivo del dolor de esa jornada, sino la manera en que los sabios se trataron entre sí.
Por ello el pueblo no quiso aceptar esta reglas de parte de ellos, aunque fueran los dos juntos quienes la presentaran; porque ese día ellos habían perdido, momentáneamente, su sabiduría, su estatus de líderes.
Obviamente que lo recuperaron al día siguiente, cuando el respeto prevaleció en lugar del deseo de ganar el conflicto.

Porque recordemos que, está bien que haya divergencias, opiniones diferentes, intereses contrapuestos. Todo eso es normal y está para que se pueda crecer en conjunto, gracias a la oposición que se produce.
Por ello hay que aprender a negociar, a dialogar, a encontrar vías para que el conflicto sea constructivo, leshem shamaim.
Y entonces desterrar la pelea por demostrar quien tiene la razón, quien se queda con la última palabra, quien es el más fuerte; porque esto es solo demostración de torpeza, bajeza e impotencia.

Que nos sirva de enseñanza.
Si quieres dar una mano a nuestra sagrada tarea, apóyanos:

————
Hay otro hecho que es tomado como el desastre ocurrido en el día del becerro, cuando la Torá fue traducida.
Pero supongo que es tema para otra jornada de profundización.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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