El poder de sobreponerte

YR Por Rav Yehuda Ribco
13/09/2019 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

El poder de sobreponerte

Por Rav Yehuda Ribco • 13/09/2019 • Material de estudio para la mesa de Shabat

Un disertante comienza su discurso de la siguiente manera:

Un día, un profesor entrega a sus alumnos una hoja que debía quedar boca abajo hasta que él pidiera que la dieran vuelta.
Al hacerlo, todos encontraron que era una gran hoja de en blanco con un punto en una esquina.
El profesor pidió que escribieran una redacción de lo que estaban viendo.
Les pidió que no se estresaran, que no habría una calificación negativa para nadie, simplemente era una prueba más, un mecanismo más para el aprendizaje.
La clase se puso a trabajar durante media hora.
Finalmente el profe recogió las tareas y sin leerlas, porque no había tiempo para ello entonces, pidió que levantaran la mano solamente los estudiantes que habían escrito de la gran hoja en blanco que habían recibido.
¿Sabes cuántos de ellos la levantaron?

Si pensaste que ninguno, te confieso que es la respuesta habitual, porque es la que pone esta conocida historia que anda rondando las Redes Sociales desde hace mucho tiempo. Y que viene acompañada de una pesada moraleja, muy aburrida y obvia, aunque no por ello menos cierta.

Pero te cuento que en verdad hubo un estudiante que se detuvo a hablar de la hoja en blanco, apenas si mencionando el punto negro.
¿Sabes qué fue lo que escribió ese alumno?
Escucho que me responden ustedes.
(El conferencista hace una pausa, nadie en el público responde).
¡Ah, entonces no fue ninguno de ustedes aquel alumno!

Estoy seguro de que conoces personas que se la pasan exagerando sus penurias, sean reales o imaginarias, y sin embargo minimizan sus triunfos y placeres.
Los escuchas quejarse, rumiar, lloriquear, protestar, agobiarse y agobiar a su entorno con sus lamentaciones; pero muy poco y nada de elogiar, agradecer, cantar alegremente, bendecir por su porción.
Por supuesto que de esta manera, aumentando con una lupa enorme sus impotencias y viendo con un telescopio debilucho sus éxitos, difícilmente puedan ser felices, estar en paz, sembrar semillas de bendición y prosperidad en este mundo y en la eternidad.

Sí, hasta cuando tienen lucro, provecho, ventaja, se quedan atrapados por la queja en lugar de disfrutar, agradecer, compartir, vivir en armonía y disfrute.
¿Cómo ser felices así?
¿Cómo?
Virtualmente, imposible.

Con modestia y cabalidad gozar de nuestras alegrías, para que entonces sean completas y se multipliquen.
Debemos de hacer como hacemos con los tropiezos y faltas, ¡magnificar nuestra percepción y relato acerca de lo éxitos!
Mientras, al mismo tiempo, reducimos al mínimo el quedarnos rumiando la queja y el reproche.
Cambiar la perspectiva para que veamos la sábana limpia en lugar de la pequeñita mancha que hay en una esquinita de ella.

Si bien es cierto que nuestra Tradición dice que las penurias vienen a servir como reparación por ciertas conductas, como la famosa KAPARÁ (o KAPÚRE), no por ello debemos festejarlas y buscarlas.
Tenemos que aceptarlas, pasarlas con dignidad, reconocer que en la vida hay altibajos, pero no vivir en sufrimiento como si esa fuera la recompensa divina que nos corresponde.
Dios es nuestro Padre, Él siempre quiere lo mejor para cada uno.
Por tanto, no hay motivo para esperar que el sufrimiento sea compensación de sufrimiento, ni que Él nos esté todo el tiempo malogrando la vida.
Aceptar el mal trago, agradecerlo, pero aprender a evitarlo es lo más inteligente y espiritual que tenemos para hacer.

La felicidad, por lo general, no viene de “arriba”. No es lo fácil y gratuito que más nos llena de satisfacción.
Por el contrario, cuando hacemos un esfuerzo, cuando sobresalimos a la impotencia, cuando manifestamos nuestro poder, es cuando realmente alcanzamos ese chispazo de felicidad.
Incluso cuando la situación material es adversa, cuando hemos tropezado y nos duele en verdad el golpe, tenemos aún el poder sobre nuestra actitud, para doblegarnos ante el EGO y ser unos quejosos, reaccionarios, malhumorados, resentidos, O fortalecernos y mostrar sinceramente una respuesta constructiva.
Es decir, hasta en el fracaso encontrar al motivo para ser poderosos.
Entonces, estaremos ejercitando nuestro músculo para proveernos felicidad de manera más eficiente y constante.

Así pues, menos quejas y más agradecimiento.
Menos magnificar lo doloroso y más exagerar sanamente lo agradable.
Menos egoísmo y más compartir el bienestar.
Menos demandar atención y más brindarnos generosamente al prójimo.
Con esto tenemos buenos instrumentos para llenarnos de gozo y bendición.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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