El mundo gira, ¿y vuelve?
Está escrito en la parashá:
Sal
del arca tú, tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos contigo
(Bereshit / Génesis
8:16).
«A eso de las 19 horas, el
hombre entró como tromba a su hogar. A las corridas se quitó la corbata
y los zapatos. Cazó, en algún lugar del comedor, el control remoto de la
televisión, y fue a instalarse frente a la pantalla que lo hipnotizaba
con el noticiero central de su canal predilecto.
Su esposa quiso hablar con él. Antes, incluso, había intentado besarlo
para darle la bienvenida. Pero él la apartó -como hacía a diario- con
la excusa de que estaba desesperado por informarse acerca de las novedades
mundiales: ‘¡¿Pretendes vivir fuera de este mundo?!’ -le gritaba.
En los cortes publicitarios, el hombre hojeaba frenético el diario
vespertino, tratando de rellenar los huecos de información que la TV le
dejaba.
Y a su lado pasaban sus dos hijos, sin que los notara. Y ellos querían
contarle al padre de las actividades de la jornada… pero el noticiero
era sagrado, ¿cómo interrumpirlo?
Y su hija, que silenciosamente ayudaba a la madre a poner la mesa para la
cena familiar, tenía muchos deseos de pedir un par de consejos
paternos… pero el padre estaba ausente, atrapado por los sucesos
del mundo.
Y la mascota de la casa, andaba por ahí mientras gemía reclamando unas
caricias del amo.
Y el teléfono que llamaba a cada instante, y alguien, no sé quién, se
encargaba de hacerlo callar.
Y mientras el mundo, SU mundo giraba y avanzaba sin su participación, él
se mantenía prendido a su información del mundo, que era
indiferente a su existencia…
incluso el día que se enteró que lo rescataron los bomberos del incendio
en su casa…»
Shabbat
Shalom les desea Yehuda Ribco
Destellos de la parashá
Sidrá 2ª de la Torá y 2ª
del sefer Bereshit / Génesis.
Que se encuentra entre los pesukim 6:9 y 11:32
La haftará corresponde a Ieshaiá / Isaías 54:1 55:5.
En nuestra parashá nos
encontramos con un relato sumamente familiar, incluso actual. La Humanidad
no había logrado hallar la paz consigo mismo, por lo que la Creación en
su conjunto se hallaba en desarmonía.
Este caos humano, extendido a la naturaleza, provocó que gradualmente se
llegara a una era de crisis total, al punto de que la vida en el planeta
estuvo al borde de la extinción.
Un hombre (Noaj / Noé), con su familia, fueron los únicos humanos que
sobrevivieron a la devastación general, salvando con ellos el germen de
una nueva vida para la Tierra.
Tras lo cual, el Eterno, en Su Misericordia, prometió que Él no
acarrearía una nueva tragedia como aquella. Y Dios, a lo largo de los
milenios ha mantenido Su promesa.
¿Estamos nosotros a la altura de asemejarnos a Dios?
De la Parashá
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