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nosotros su nombre completo, el nombre de la ciudad y país donde vive)
Shalom.
Gracias por participar.
Sobre esto ya hemos escrito en más de una ocasión, así que le pido que
busque más material en el área de "Creencias"
En Este Mundo el ser humano está dotado de
libre albedrío, es decir, de la facultad para voluntariamente decidir y
actuar de acuerdo a lo que es correcto, o no.
Esto implica que para el ser humano no existe algo así como un destino.
Pues, si hubiera un destino, un camino ya marcado por el cual necesariamente
transitaremos, y que supera nuestra voluntad, ¿qué sentido tiene decidir, si
ya está decidido de antemano por fuerzas ocultas?
¿Qué sentido tiene vivir, si todo es vano y a merced de poderes antojadizos?
Además, los que tenemos confianza en el Eterno
sabemos que:
"Mira, pues; yo pongo hoy delante de
vosotros la bendición y la maldición:
la bendición, si obedecéis los mandamientos del Eterno vuestro Elokim que
yo os mando hoy;
y la maldición, si no obedecéis los mandamientos del Eterno vuestro
Elokim, sino que os apartáis del camino que yo os mando hoy, para ir en
pos de dioses ajenos que no habéis conocido."
(Devarim / Deuteronomio 11:26-28 )
¿Acaso seríamos responsables de los actos que
hacemos, si no actuamos de acuerdo a nuestra voluntad?
¿Acaso se nos podría instar a ser fieles al Eterno cumpliendo Sus
mandamientos, si una fuerza misteriosa es la que verdaderamente maneja
nuestras vidas?
No es en vano que la Torá nos plantea para que optemos por qué camino andar,
pues la Torá (cuyo autor es Dios) sabe que nuestro destino se teje en
nuestras acciones, en la búsqueda del bien, o en el apartarse del bien.
El mérito y la falla de la persona residen en
su capacidad para elegir voluntariamente entre lo que es bueno y lo que no
lo es.
Los ángeles (emisarios de Dios) no pueden decidir entre actuar positiva o
negativamente, ya que ellos buscan únicamente el bien (si bien algunos
pueden decidir en aspectos que no hacen a la moral).
Los animales tampoco deciden, pues son manejados por sus instintos, por su
naturaleza.
Por lo que podemos sintetizar: la persona que
se cultiva y desarrolla plenamente su dimensión humana (conjugación de ángel
y animal) es dueño de su destino, de su vida. Solamente está sometido
a las leyes objetivas (las físicas por ejemplo), por lo cual no todo depende
de su voluntad, ni de sus intenciones, pero tampoco de ningún titiritero
llamado Destino.
Y la persona que se asimila en su conducta a las bestias, deja en manos de
los acontecimientos los rumbos de su existencia.
Así pues, si quiere estar seguro de que no hay
un destino pendiendo sobre su cabeza: estudie (lo que tiene permitido
de) Torá, y practique con fluida constancia los preceptos que el Eterno le
ha encomendado.
El resto, son meras especulaciones que no conducen a nada positivo.
Lea por favor una traducción certera (es decir, judía y erudita) del
capítulo 49 de Tehilim / Salmos.
Si este texto le ha sido de provecho, no
olvide que este sitio se mantiene gracias a SU colaboración
económica. No cierre su mano, y abra su corazón bondadoso.
Iebarejejá H’ – Dios te bendiga,
y que
sepamos construir Shalom
Yehuda Ribco
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©2002
Yehuda Ribco,
Montevideo, Uruguay.
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