Shalom.
Gracias por participar.
Por su nombre supongo que usted es cristiano,
entonces si un no-cristiano le preguntara: ¿Qué siente UN cristiano cuando entra a la
iglesia (o al templo, o como se denomine)? Usted, ¿qué
le respondería?
¿Le parece que hay alguna respuesta que sea coherente para una pregunta de
esa especie?
En todo caso, lo lógico sería hablar de SU experiencia personal, de sus
sentimientos, de sus vivencias; pero NO de las vivencias de un judío
cualquiera sea, o de los judíos como colectivo.
Veámoslo por otro lado.
Usted no me dijo desde donde escribe, así que supongamos que usted como yo
es uruguayo.
Si un boliviano le preguntara: ¿Qué siente un uruguayo cuando entra al
Estadio Centenario? Usted, ¿qué le respondería?
Así pues, ¿cómo puedo responder yo acerca de
lo que sentiría o pensaría cualquier judío, o todos los judíos, cuando entra
a una sinagoga?
Y si me preguntara qué siento y pienso yo, le contestaría: depende. Depende
del día, la hora, la circunstancia, la compañía, el lugar, etc.
Tal como supongo que para usted ocurre que no siente ni piensa parejamente y
sin altibajos respecto a algo o alguien.
Por lo tanto, lo razonable para una persona
puesta a escribir una argumento ficticio (como supongo es su situación), es
reconocer que no existe una regla fija para los sentimientos, es más, me
parece que ni siquiera existe regla no-fija cuando de emotividad se trata.
El judío, como cualquier persona, manifiesta lo que es, lo que está siendo,
y lo que puede manifestar.
Y para dar un trazo más acabado a la
respuesta.
De acuerdo a la normativa judía, en la sinagoga es menester mantener un
estricto respeto, dichosa seriedad y circunspección. Es decir, una prolija y
adecuada conducta, acorde a la situación de estar en el sitio que representa
la divina Presencia en el exilio.
Como verá, la sabia ley no ordena ni exige sentimientos tales o cuales, pues
los sentimientos emergen condicionados por el ser y la circunstancia vital.
En conclusión: haga que SU corazón sienta por
el corazón de los personajes de su obra.
Si este texto le ha sido de provecho, no
olvide que este sitio se mantiene gracias a SU colaboración
económica. No cierre su mano, y abra su corazón bondadoso.
Que el Uno y Único Dios bendiga a quienes le
son fieles servidores,
y que
sepamos construir Shalom, Iebarejejá H’.
Yehuda Ribco
comentario@serjudio.com?subject=Rap1821
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©2003
Yehuda Ribco,
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