Antonio Y.
Portugal
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gracias.)
Shalom,
gracias por escribir.
Tenemos un vínculo sumamente fuerte y estrecho
con nuestro Padre. A Él podemos llegar directamente, sin necesidad de
intermediarios, intercesores, religiones, confesiones de fe u otros inventos
humanos.
Lo alcanzamos a Él cuando abrimos nuestro corazón y mente a Su Presencia, y
por tanto, acatamos con fidelidad Sus mandamientos (que son
7 para los
gentiles, y
613 para
los judíos).
Es muy accesible el camino a la verdadera creencia, a la verdadera fidelidad
hacia el Padre de todas las cosas.
Pero, el idólatra, es aquel que pone tontas
trabas en el lazo que lo une a Dios.
Interpone excusas, intermediarios, salvadores, santos, vírgenes milagrosas,
medallitas, gestos mágicos, plegarias falsamente santurronas, fantasías de todo
tipo y color.
Emplea métodos y caminos que Dios deplora (pues así Él lo ha
indicado con precisión en Su perfecta e inmutable Torá).
Y si bien en la mayoría de los casos, la práctica idolátrica se hace sinceramente como una
manera de llegar a Dios… el extraviado idólatra no sabe, no se da cuenta,
que esos atajos lo llevan para cualquier lado, y no hacía el Padre.
Por querer andar por su propio camino (o por el camino
erróneo de otros, tan perdidos como él) se aparta de lo santo, se
aparta de Dios.
En los hechos, idolatría es cualquier creencia
(y/o adoración) en la divinidad de cualquier cosa o
entidad (ficticia o real) que no es el Creador. Así
pues, aquel que considera a Jesús, Yemanja, Buda, Alá, Krishna, Osiris,
Mithra, Apolo, Baco, Momo, Astarté, Gea, Pacha Mama, etcéteras varios, como
deidades, o partes de una deidad superior, está andando por el camino de la
idolatría.
Aquel que invoca intercesores, llámense Orixas,
Maestros de Luz, Vírgenes, Santos, Ángeles de la Guarda, y decenas más,
también está pecando al actuar como un idólatra.
Aquel que deposita su fe, su caudal
espiritual, en cintitas, medallas, rosarios, crucifijos, ofrendas, fotitos,
y tantas cosas más que considera como modos para llegar a la deidad, y son
cosas que no ordena la Torá (sea escrita y oral), está
también desbarrancándose por el camino que distancia del Eterno.
Aquel que emplea mecanismos que cree que son
puentes hacia la divinidad, tales como imágenes de supuestos santos,
grabados de seudo seres celestiales, piedras o figuras o estelas
conmemorativas o de adoración que Dios no declara en Su Torá, y etcétera,
por más que solamente la persona crea en Dios, igualmente está yendo por el
camino del extravío.
Aquel que describe a Dios,
de manera ajena a lo que expresa acerca de Él la Torá (sea escrita y oral),
está actuando como idólatra.
En resumen,
aquello que es usado como dios, o como camino hacia la deidad,
que Dios no ha mandado en Su Torá
como elemento que nos vincula con Él,
es caer en el horrendo pecado de la idolatría.
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Shalom.
Yehuda Ribco
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Yehuda Ribco,
Montevideo, Uruguay.
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