El don más precioso que has recibido es el de la vida.
El Padre celestial te ha dado este hermoso tesoro en préstamo.
Es tu responsabilidad cuidar este valor, durante todos los días de tu pasaje por Este Mundo.
Y es tu obligación devolver tu espíritu a Aquel que te lo brindó con "intereses" acumulados.
¿Cómo se acreditan esos intereses, esas nobles ganacias?
¿Lo sabes?
¿Dónde podrías aprenderlo?
Pues, Aquel que te dio la vida, también te dio las instrucciones precisas y exactas para hacerlo.
El Padre celestial ha dado los mandamientos que te permiten desarrollar a plenitud tu vida, para adquirir bendición y beneficios.
El Creador, con Amor y Sabiduría, ha dado para cada cual los mandamientos acordes con su identidad espiritual.
Por tanto, te ha dado a ti, querido hermano noájida, los mandamientos para las naciones, esos siete principios universales (más sus derivados), que son el camino luminoso y perfecto para desarrollar tu espiritualidad y para adquirir tesoros de eternidad.
Recuerda que la vida en Este Mundo es solamente un pasaje, un momento, pero que es absolutamente trascendente ya que tu vida eterna depende de la corrección con la que hayas vivido, de la fidelidad con la que hayas acatado los mandamientos que te corresponden cumplir.
Es de dicha eterna que cuando llegas a tu último instante terrenal, puedas ver hacia atrás, y reconocer que partes lleno, pleno, satisfecho de haber llevado una vida de construcción del Shalom.
Esta es una de las enseñanzas de la porción de Torá que los judíos leen este sábado: la vida no termina con la muerte, sino que continúa en su tramo más importante. Pero, los frutos que cosechas en la posteridad dependen de los mandamientos que cumples aquí.
Te deseo para ti y todos los tuyos un muy feliz séptimo día.
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