En la sociedad occidental y cristiana que vivimos se ha establecido un modelo acrítico de vida.
Se considera herético (malo, rebelde, perjudicial) el que alguno tenga opiniones que divergen con el dogma oficial, o que contradicen de alguna manera la doctrina del pastor, o que pueden ocasionar alguna molestia (aunque hayan sido expresadas con pleno ánimo constructivo).
El oyente reacciona con enojo, violencia, huida, burla o rechazo, sin capacidad para tolerar el que otra persona tenga ideas propias y diferentes, o piense algo que no está en el lema del grupo de ovejas, o que sienta algo que no es compartido (aunque no sea perjudicial en los hechos).
Con este modelo de vida instalado en la sociedad occidental y cristiana, y especialmente entre los grupos seguidores de Jesús,
se pone un bozal al que opina y su opinión no es repetición de la doctrina oficial,
se repudia al que tiene la "osadía" de pensar por sí mismo,
se cancela el derecho a preguntar,
se abofetea a quien duda honestamente,
se aisla al que tiene la valentía de señalar errores,
se denigra al que no quiere ser parte del grupo de ovejas ciegas y mudas,
se prohíbe cuestionar cualquier cosa,
se acusa de intolerante al que dice algo que no agrada,
se silencia las diferencias,
se presiona para alcanzar el objetivo del grupo de referencia,
se niega la existencia a lo que molesta.
Tal es la realidad.
Aquellos entre ustedes que han sufrido dentro de esas agrupaciones de seguidores de Jesús me pueden confirmar por experiencia propia la verdad de estas afirmaciones.
Todos podemos echar un vistazo a nuestra sociedad, muy occidental y demasiado cristiana, para admitir la veracidad de lo que les comento ahora.
(Por favor, dejar comentarios más abajo, en el lugar correspondiente para los mismos).
Por otra parte, los que siguen encadenados al paradigma mortal de la censura, probablemente ni siquiera sean conscientes de que actúan, piensan y sienten de esta manera.
Sin capaces de emitir "opiniones" negativas acerca de lo que les desagrada, siempre y cuando esa opinión sea dentro de la pauta que marca el pastor, el dogma o la sociedad.
PERO,
este NO es el camino del seguidor del Eterno.
El seguidor del Eterno admite las divergencias, acepta las opiniones siempre y cuando no estén basadas en un ánimo destructivo.
El seguidor del Eterno emite sus opiniones, escucha las opiniones (aunque sean diferentes) del otro, y comparten entre ambos una comunicación auténtica, de la cual surge la Luz.
Del diálogo canalizado por la comunicación auténtica, surge la Luz, la convivencia en paz, el crecimiento personal y colectivo.
Pero de la censura, del espíritu falto de crítica, solamente se desprenden mantos de oscuridad.
Pensemos en esto a la hora de compartir con nuestro prójimo.
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