Hace un instante me envió un noájida un email personal muy interesante.
Quiero compartir con ustedes algunos párrafos, los que considero oportunos publicar en este momento.
… Pienso mucho en usted, Yehuda, hoy en el trabajo le ha robado el protagonismo a mis problemas habituales.
Para acercarme a usted tengo que buscarle por los estrechos pasillos de mi conciencia y sus artificios.
Una voz me dice, chss por aquí está Yehuda, por tu derecha y uno va por esa dirección, la de la sencillez.
Otras veces me dice , ey, chaval, no te pares, sigue, da un paso más y uno conoce la confianza.
A ratos, esa voz interior (que es intuitiva ) me ruega que vaya hacia atrás y uno descubre el perdón.
Sencillez, confianza y perdón, me lo digo y me lo repito en las horas lentas del trabajo o en los encuentros gozosos del ocio.
Sencillez para aceptarse uno a si mismo y no odiarse demasiado. El odio, esa manera doliente de comunicarse, oscureciendo lo que tendría que ser amor.
Confianza para aclarar lo que son temores, quimeras, magos que nos persiguen con sus vanidades y encantamientos.
Perdón para ser modesto y no herir al otro y no dañarnos a nosotros mismos.
Voy limpiando por mis cuartos interiores en los que uno se va transmutando, cambiando de piel y dejando falsas espiritualidades.
Un saludo cariñoso
¿Qué opinan de este proceso de autoconocimiento, de crecimiento, de descubrimiento de la identidad noájica, firme y saludable?
Una identidad que avanza, para descubrir la confianza.
Que se detiene y opta.
Que trabaja con sencillez para alcanzar sus objetivos.
Que da un paso atrás para perdonar y pedir perdón.
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