Están los pendientes del aplauso ajeno,
que se olvidan,
que el único aplauso importante es el que uno mismo se da,
y que es aprobado en los Cielos.
Están los que solamente se aplauden a sí mismos,
y olvidan que si no alientan a su prójimo,
su auto-aplauso de nada vale,
y Arriba reprueban su actitud.
Están los que no aplauden ni quieren ser aplaudidos…
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