»Hay que anteponer la razón a la pasión»
Si comparáramos nuestra forma de vida o nuestro andar con manejar un auto, se podría decir que la pasión, ese impulso tan humano, tan nuestro, sería el motor, el combustible y el acelerador del auto. Pues es lo que le da vitalidad y movimiento al ser, por la pasión o los impulsos es como generalmente nos dejamos llevar en numerosas ocasiones, entregándonos a todo el sentir de nuestro corazón, sean sentimientos buenos o malos. Pero, si el auto solamente contara con motor y combustible, el auto no tardará en chocarse contra un árbol o una pared. No es que sea mala la pasión, pero si sólo se utiliza esto, iremos de golpe en golpe.
Por eso es necesaria la razón, a la que se puede comparar con la dirección o volante del vehículo, también la caja de velocidades que regulan nuestro actuar y también por supuesto, los frenos. De esta manera, logramos evitar precipitarnos en nuestras acciones, frente a situaciones adversas, o hasta en las provechosas, pues muchas veces sucede que nos viene algo bueno que al final termina no siéndolo.
Por lo tanto se puede decir que el hombre necesita de estas dos cosas, porque en verdad son primordiales, son regalos de nuestro Creador, pero debemos aprender a administrar bien nuestras cualidades y virtudes. La pasión es tan necesaria como la razón, pero ésta última debería ser aplicada primero, porque es la principal característica que nos diferencia de otros seres vivos, así nos hizo nuestro Di-s. Shalom.
Sebastián.
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