Estuve ahi – De los malestares internos – Parte III

YR Por Rav Yehuda Ribco
15/09/2008 6 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Estuve ahi – De los malestares internos – Parte III

Por Rav Yehuda Ribco • 15/09/2008 • Material de estudio para la mesa de Shabat

Como era de esperar surgieron malestares que tenían origen en distintas causas, pero que demostraban una sola cosa y era: la poca o ninguna planificación que se tuvo para realizar dicho proyecto que en realidad se hizo por fe. Claro, en el mundo evangélico todo es por fe. Cree por fe, actúa por fe. Fe ciega, fe en el colgado, fe en las palabras del colgado, fe en la sangre del colgado, fe en que Dios envió al colgado.

Uno de los principales malestares que viene a mi mente era la comida. Tal vez porque perdí mi estomago, entre otras cosas, como consecuencia de una pésima alimentación estando allí. Al principio no existían mayores limitaciones que evitar el cerdo y la combinación de ca es y lácteos, eso en realidad no era problema puesto que si pretendíamos ser judíos era un deber abstenerse de tales cosas.

Con el paso del tiempo comenzó a agravarse la situación puesto que se llegó a criar pollos con el propósito de consumir aves de corral “kosher”. Por supuesto que no hay nada de malo en criar pollos. Lo malo está cuando los pollos se enfermaban con alguna peste y “en el nombre de Ieshu-a” los matábamos y los comíamos, puesto que si comiéramos cosas mortíferas no nos harían daño, nos decían. 

Dicho pollo era visto con desagrado, y es que, ¿a quién le gusta saber que el pollo que se está comiendo un día, estando vivo, lució cual Silvester Stalone en Rocky IV luego de la pelea final? Así que preferíamos no tocar el pollo y optábamos por comer cualquier otra cosa o sencillamente no comer. Esto suscitó la molestia del “shaliaj” quien nos dio un gran regaño porque según él “estábamos siendo unos desagradecidos con lo que  Dios nos estaba proveyendo” y que “comer pollo que había estado enfermo no era perjudicial para la salud”. Algunos comimos el pollo otros prefirieron seguir comiendo cualquier cosa.

Y respecto a la carne de res, la comíamos muy rara vez porque como no era carne kosher pues había que abstenerse de consumirla. Y no era que el pollo visitaba nuestros platos de manera concurrida, el pollo se consumía, al principio dos o tres veces por semana, y al final, una vez por semana, específicamente en shabat.

Otro malestar era el tiempo libre para hacer nuestras diligencias personales. Teníamos el vie es en la tarde para ir al pueblo, caminar, ver gente, chatear por internet, revisar correo, comer en el “Pollo Campero”, visitar o llamar a las novias, hacer las llamadas a los respectivos países, etc. Luego teníamos que estar de vuelta a eso de las 5:00 de la tarde para alistarnos para celebrar shabat. Su servidor, al igual que los otros, se volvió un experto en llegar tarde y también un experto fabricante de mentiras y excusas para justificarse.

Si queríamos estar el shabat fuera de la seudo yeshiva teníamos que comprometernos a dar una enseñanza en alguna kehila, con la condición de regresar el domingo antes de las 9 de la mañana para iniciar clases. Sí, así es, el día domingo en el que usted acostumbra a salir a pasear, comerse un helado, ver el futbol o una película, nosotros lo vivimos como si fuera un día común y corriente. Qué envidia les tenía a los ‘gentiles’ en ese día. También me volví un experto en programar enseñanzas con los roé para poder estar un día completo fuera de la seudo yeshiva y hacer mis cosas.

Otro malestar que era común fue el tiempo de descanso. Quedarse dormido para la oración de la mañana, el shajarit, era una gran falta. Teníamos el deber de levantarnos a las 5 de la mañana para orar hasta las 6 y 30 am. Nos daban 15 minutos para arreglarnos y salir de las habitaciones. Constantemente preferíamos quedarnos acostados esos 15 minutos y salir con la ropa de dormir y con el talit encima a orar. Muchas veces nos cubríamos con el talit para aparentar mayor entrega, pero en realidad estábamos “echando otro sueñito” delante de la presencia de “Dios”.

Un gran malestar que en cierta ocasión saltó a la escena fue la prohibición de usar el teléfono, bien fuera para hacer o recibir llamadas. Claramente recuerdo que mi madre al no saber de mi, se preocupó y llamó. La respuesta del “shaliaj” fue que “Yonatan tiene prohibido recibir llamadas en día de clases y solo puede recibirlas en día libre”. Mi madre me cuenta que ella argumentaba: “…pero yo soy la mamá”. Y “el shaliaj” como si nunca hubiese tenido mamá, menospreció esa realidad y no me comunicó la llamada. También me volví un experto en abusar del teléfono a tal punto que tenían que asignar de manera escondida a algún compañero para que me vigilara cuando yo tomara el teléfono y seguidamente acusarme de haberlo hecho. Confieso que no lo usé para llamar a mi mamá, sino a una “mejor amiga” que tenía en ese momento. Claro que luego de cada regaño pedía perdón “en el nombre de Ieshu-a” y mis faltas me eran perdonadas, decían. Otros siguieron mi mal ejemplo.

Finalmente, quiero retomar el malestar acerca del título de rabinos que nunca recibiríamos. Luego de enterarnos que no seriamos nombrados como tal, comenzamos a comportarnos de manera indiferente. Ejemplo: dejamos de orar con fervor, dejamos de estudiar Torá con devoción, comenzamos a ver más televisión de lo normal, comenzamos a comprar cerveza para amenizar los partidos de futbol (sepa el lector que la cerveza es vista como bebida pecaminosa en el mundo evangélico), en otras palabras, estar en la yeshiva nos valía un comino, ya no tenía sentido. Comenzamos a hablar de lo que haríamos luego de irnos y concluíamos que lo mejor era completar una carrera universitaria cuyo título tendría más valor que el titulo de rabinos que nunca nos entregarían.

Dichos malestares son tan solo un ejemplo de la gran lista de inconformidades que miles de personas en Latinoamérica y en el mundo tienen por causa de los proyectos de la organización AMI, pero que muy pocos se atreven a hacer públicos, basados en eso de “ellos (los seudo líderes) verán que cuentas le entregan a Dios”.

Para aquellos que todavía caminan en el torcido sendero de la idolatría de Ieshu, haciéndose pasar por judíos, usurpando una identidad ajena, y que han experimentado malestares similares a los anteriormente expuestos, si quieren y pueden recapaciten, corrijan sus caminos y sepan que la voluntad del Dios de la Torá no es hacerlos pasar por un sinfín de sinsabores y amarguras. Los primeros culpables son sus falsos líderes que los mantienen engañados para beneficiarse a sí mismos, los segundos culpables son ustedes mismos por dejarse abusar. Para que alguien engañe a otro, se necesita que ese otro se deje engañar. Los espero en el lado de la Luz, aquí se ve con mucha claridad, en el lado de la oscuridad solamente hay tropiezos, lo sé porque estuve ahí.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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