Un granjero pobre deseaba robar trigo del campo de su vecino. Llevo a su hijo menor para que vigilara que no los descubrieran. Antes de que su padre comenzara reviso bien su entorno para estar seguro de que no lo descubrieran. Seguro de que no lo veían, se metió, abrió su bolso y cuando estaba listo para llenarlo de trigo su hijo le dijo: ¡Papá, te están viendo, cuidado! El papá se aterrorizó, tomo la mano del niño y salieron rápida y disimuladamente.
Al salir el papá reviso para ver si el que los había visto iba a agarrarlos o hacer algo contra ellos. Sorprendido no vio a nadie y le pregunto al pequeño: ¿Dónde hay alguien viéndonos?, no hay nadie acá.
¡D-is esta mirándonos papá!, dijo el niño.
El padre, golpeado en la conciencia, tomó a su hijo de la mano y se fue a su casa sin el trigo robado.
Para cuántos de nosotros es fácil hablar de nuestro prójimo, mentir, juzgar y cientos de cosas que hacemos a diario, no tan correctas, solo por el hecho de pensar que estamos solos, que no nos ven, que no nos van a descubrir.
A quien que queremos engañar, nuestro Amo y Creador esta en cada lugar y en cada instante en el universo y mas allá, hasta la eternidad. Y lo más importante tomando nota de todas y cada una de nuestras acciones. Así que tratemos de estar consientes en todo momento de que hay un ojo que todo lo ve y lo registra; sin que se le pase una.
Como decía rabí Shemuel de Lubavitch: “Tu no puedes engañar a D-is ni a otras personas. Al único que puedes engañar es a ti mismo. ¿Y cuál es la proeza de engañar a un tonto?”.
Que tengan un feliz septimo día.
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