Suerte, así se suele denominar a lo que no es comprendido y parece casual.
Para aquel que confía en el Eterno, es seguro que cada átomo es conocido por el Eterno,
quien define y sabe su posición y velocidad constantemente.
A ojos del Eterno no hay suerte, sino consecuencias necesarias.
A ojos del leal al Eterno, aquel que confía en Él,
no debiera haber apelación a la suerte (como si fuera el viejo dios Fortuna),
sino absoluta confianza en la bondad y justicia
del creador y sustento del universo.
El consejo diario 228
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