Es algo a tener en consideración por los noajidas el no avergonzar a otra persona,
y quiero compartir con ustedes un relato de la Torá en donde nos cuenta de una mujer
que estaba dispuesta a perder la vida (de ella y sus mellizos) por ello y a continuación
de la misma una historia del Rabino Iehoshúa Leib Diskin:
«Unos tres meses despues le fue dicho a Iehudá lo siguiente: » Mira tu nuera Tamar cometió
adulterio, esta embarazada a causa de su promiscuidad.» Dijo Iehudá: «¡Sáquenla y que
sea quemada!» Cuando estaba siendo llevada, mando a decir a su suegro: «Estoy embarazada
del hombre a quien pertenecen estos elementos.» Y agregó: » Por favor, Reconoce de
quién es este sello, este manto y el bastón». – Génesis 38: 24 , 25 –
Ella no quiso avergonzarlo, por eso le pidió que reconociera los objetos que le dejara
en garantía. Dijo ella: «Si lo reconoce, bien. De lo contarrio prefiero que me quemen
antes que avergonzarlo públicamente».
Esta es la fuente de la máxima de los Sabios de Israel:
«Es preferible dejarse arrojar a un horno encendido antes de avergonzar a
un semejante en público.»
Aquí les presento la historia del Rab:
«Hombre de moral era Rabí Iehoshúa Leib Diskin. En todas las finalizaciones del Shabat,
Rabí Iehoshúa dictaba en su casa un curso sobre la seccion semanal de la Torá, en el
que los participantes eran convidados con una taza de Té. Y Rabí Iehoshúa tomaba támbien.
Pero resulta que una vez, el hombre que preparaba las infuciones confundió la sal con
azúcar. Y puso varias cucharadas llenas en la casa del Rabí, quien por su debilidad
física debia consumir azúcar en cantidad. El Rabí tomo varios sorbos de su té sin decir
palabra, reprimiendo su sentido del gusto, hasta el punto que ninguno de los presentes
percibió en su semblante gesto alguno que delatase el inconveniente. Pero al probar su propio té,
la esposa del Rabí notó el error al instante y le prohibio a su espos continuar bebiendo.
-¡Cuidado! – Le advirtió ella -, tiene sal en lugar de azúcar!
Los participantes de la clase probaron las sobras del té del Rabí y se sorprendierón de la notable
fuerza de voluntad que evidenciara al haber tomado el agua salada sin manifestar
desagrado alguno.
Y al cuestionamiento que le formuló su esposa, acerca de como se atrevió a tomar
tanta sal a sabiendas del daño que podria causarle a su salud, el Rabí respondió:
– Ya nos enseñaron nuestros Sabios: «Es preferible dejarse arrojar a un horno encendido
que avergonzar a un semejante en público.»
Me gustaria que todo aquel que conociera una historia con respecto a no avergonzar
al prójimo, la relatara en los comentarios.
Un placer compartir textos con ustedes.
¡¡¡Saludos para todos y Buen Día!!!
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