«Tenlo en alta estima más de lo que tendrias en estima a un judío que no está envuelto en el estudio de la Torá»
(Sefer Jasidim, 358).
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Como sabemos, el pueblo judío es sumamente comprensivo con aquellos de entre sus congéneres que se comportan de manera indiferente hacia el legado que les fue encomendado por mandato Divino.
Se les ayuda, se les guia, se les respeta, se hace lo posible por acercarlos a su herencia. En pocas palabras, se le ama.
Respecto a nosotros los gentiles que procuramos permanecer fieles a nuestra identidad espiritual, a nuestro legado, al aprendizaje y cumplimiento de las Siete Leyes de Noaj, la máxima de arriba enseña que somos vistos con buenos ojos por aquellos hermanos mayores que han dedicado su vida a cumplir con su rol como judíos.
¡Pero cuidado!
En ningún momento lleguemos a pensar que somos más, mejores o superiores a algún judío, de hacerlo estariamos rozando levemente el orgullo que da como fruto el antisemitismo.
En esta ocasión, que el resultado de leer estas lineas sea un mayor compromiso con nuestra identidad noájida. Sin mirar lo ajeno, sin perder el tiempo en lo que no nos pertenece. Todo lo contrario, apreciando lo propio, amando nuestra herencia.
Sabiendonos queridos por aquellos que han resguardado la Sabiduria de lo Alto.
Saludos, respetos y cariños.
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