Vamos por la vida llenos de creencias y patrones sobre cómo deberían ser las cosas. Y cuando no son como lo esperamos, entonces reclamamos, criticamos y nos quejamos: «¿Por qué sucede esto?» «Es que no ha debido hacerlo» «Hasta cuándo vamos a tolerar tal situación?» «Es que las cosas no pueden ser así» «Me indigna lo que sucede».
Detrás de cada comentario, se ocultan actitudes que me gustaría mostrarte. La primera de ella es Esto no me gusta. A la persona le cuesta «aceptar» lo sucedido, bien sea porque no le conviene o no lo entiende. La segunda actitud es de carencia y escasez. Los pensamientos y la emotividad que acompañan a tales comentarios, traducen la actitud de que «alguien», tomó lo nuestro (mi novio, mi dinero, mi ascenso, mi reconocimiento, mi oportunidad, mi libertad…) y en consecuencia somos víctimas de personas (mi pareja, mis hijos, mi jefe…) y de circunstancias (la crisis económica, la globalización, los medios, la escasez de alimentos, la inflación…). Y la gente se llena de insatisfacción, de frustración y de miedo, reforzando un sistema de creencias que estimula el pesimismo, la competencia «insana» y la carencia.
¿Qué hacer cuando nos ocurren situaciones que nos incomodan, no esperamos y nos afectan?
La aceptación es una actitud poco consciente en nosotros mismos. Nuestra primera opción es revelarnos ante aquello que no nos gusta, como si esto resolverá las cosas a favor nuestro. Hay un dicho ruso que dice: «que no vale la pena llorar sobre la leche derramada» y esto ilustra –espero- lo que quiero transmitirles.
Esto no significa que seas pasivo y sumiso. Que te tragues la rabia y el resentimiento.Tampoco es un intento por convencerte en que te conviertas en «un aguanta todo». Que seas una alfombra que todo el mundo pisa y tu no reaccionas. Simplemente te recuerdo que vivimos en el mundo de la dualidad, de la polaridad y de la causa y el efecto.
Lo que sucede, simplemente sucedió y es sano comprenderlo y aceptarlo porque no lo puedes cambiar. En lugar de luchar y pelear contra la situación, es mejor opción hacer un alto y buscarle «ese otro lado» que tienen las experiencias. Es elegir (lo cual depende de ti) y ver «más allá» y encontrar «el lado bueno» de lo ocurrido. Y no quedarte rumiando por años las desgracias, los rencores, las tragedias y las injusticias, porque eso no te librará de ello.
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