Algunas personas dejan de lado el noajismo y regresan a las oscuras sendas de la idolatría, del engaño, de la esclavitud, de la oscuridad, del saber que se vive en mentiras pero callar y mirar a otro lado, etc.
Razones, se pueden dar varias.
Está el ex «algo» en el mundo evangélico/mesiánico, etc., que ahora ya no ocupa cargo de honor, que no curra con diezmos y otras ofrendas mal habidas, que no se regodea más con el poder decidir por los demás. Entonces, el afán lo hace regresar al púlpito manchado de sangre y maldad.
Es que el EGO es muy poderoso, anhela dinero, poder, renombre, el gustito de sentirse por un rato algo más que el prójimo.
Así como el dinero que entraba a raudales y ya no entra más, desde que se dejó de lado el engaño y estafa de vivir de las religiones.
Está aquel que se siente presionado por su familia, por su pareja, por sus padres, por el medio social. En todos lados se ve rodeado de seguidores del colgado, de tal o cual versión o secta.
Lo atiborran de quejas, reclamos, amenazas, maldiciones; lo seducen con promesas, habladurías, etc.
Cansado de pelear contra todo y todos, de ser incomprendido, de ser sometido a todo tipo de vejámenes, el noájida decide tirar la toalla, bajar los brazos y retornar al rebaño de las ovejas que ciegamente corren felices al matadero espiritual.
Está aquel que siente que vivir como Dios reclama del gentil es demasiado pesado, pues implica una casi total libertad acompañada de una inmensa responsabilidad.
No creen soportarlo.
Es que parece que no todos están preparados para vivir como Dios quiere, con madurez, con actitud positiva, con empeño, con criterio, como constructor constante de Shalom.
Prefieren la tibia cunita y los pañalcitos de la religión, que les pegan palmaditas en el traserito cuando hacen algo que al papá pastor desagrada pero luego dan una rica mamadera (biberón) llena de promesas que nunca se cumplirán.
Están también los que se desaniman porque no tienen las herramientas como para vivir sin las viejas argucias de la religión ni los modelos conocidos de la misma.
Ejemplo, allá cantaban sus cancioncitas religiosas, ahora… ¿qué harán?
Ejemplo, allá tenían su liturgia preparada, «sus levanta tu mano», sus «dí amén hermano»… ¿y ahora?
No ven cómo hacer para seguir con las antiguas payasadas, pero las extrañan.
Están aquellos que se ofenden, solamente por cuestiones de EGO, y entonces dando portazos vuelven al hedor que conocen como hogar.
Están los que dicen tener visiones, sueños, profecías revelaciones, y otros delirios más (o quizás engaños para justificarse ante otros y ante el espejo), que les dicen del mesiansmo milagroso y mágico de Jesús.
Están los que son como adictos, que han pasado por la rehabilitación, pero luego vuelven a caer en esa droga tóxica, mortal, llamada religión.
Y así, podremos ir viendo entre nuestros conocidos, familiares, visitantes, etc. decenas de excusas, de argumentos falaces que los hacen descender del arca de salvación llamada noajismo, para retornar a sendas de dolor y miseria, pero aderezadas con sonrisas y mucha palabrería.
¿Tienes tú algo para aportar para rectificar tal estado de cosas?
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