Los Cisnes Salvajes

YR Por Rav Yehuda Ribco
22/01/2010 8 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Los Cisnes Salvajes

Por Rav Yehuda Ribco • 22/01/2010 • Material de estudio para la mesa de Shabat

ALZANDO EL VUELOHace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.nnCon el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.nn“Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre”, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.nnLa reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.nn-¡Fuera de aquí! -gritó-. No los quiero volver a ver nunca más.nnDiciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.nnLa malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.nn-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.nnCuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.nn-Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre.nnMientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:nn-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.nnLuego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.nnAl ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello.nnCuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.nn-¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey.nn-¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha.nn-Es una pordiosera [una persona que pide limosna] que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja.nn-¡Llévensela! -ordenó el rey.nnCon el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello.nnEn ese momento, una vieja mujer se le acercó.nn-¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada.nn-No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.nnElisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza.nAl principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca.nnUno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que eran sus hermanos.nn-¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! -gritó, mientras corría a abrazarlos.nnTodos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo.nn¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo.nn-De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos -explicó Antonio, el mayor de los hermanos.nn-Encontraré la manera de romper el hechizo -les aseguró Elisa.nnLos hermanos encontraron un pedazo de lienzo lo suficientemente grande para llevar a Elisa en él. Al amanecer del día siguiente, la alzaron en vuelo con suavidad. Sebastián, el menor de todos, le daba bayas para comer. Cuando el sol empezó a ocultarse otra vez, llegaron a una cueva secreta, en un bosque apartado. Esa noche, Elisa soñó con un hada que volaba en una hoja.nn-Podrás romper el hechizo si estás dispuesta a sufrir -susurró el hada-. Debes recoger ortigas y tejer once camisas con el lino que saques. Cuando las hayas terminado, deberás lanzárselas a tus hermanos para romper el hechizo. ¡Pero escucha bien! No puedes ni hablar ni reírte hasta no haber terminado.nn-Eso no importa -respondió Elisa en sus sueños-. ¡Haré lo que sea necesario para salvar a mis hermanos!nnCuando Elisa se despertó esa mañana, sus hermanos ya se habían ido.nnEn el suelo, junto a ella, había una pila de hojas de ortiga. Elisa se puso a trabajar de inmediato. Al regresar los príncipes a la cueva, encontraron a su hermana tejiendo una prenda bastante curiosa. Elisa tenía las manos llenas de heridas.nn-¿Qué haces? -preguntó Sebastián. Pero su hermana no podía decir nada.nnSebastián no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas cuando se inclinó a mirar las manos de Elisa. Las lágrimas cayeron en sus dedos y las heridas desaparecieron inmediatamente. Ella le sonrió agradecida, pero no se atrevió a decir ni una sola palabra.nnLos hermanos observaron durante un rato. El asunto era muy misterioso, pero ellos sospecharon que algo mágico debía estar ocurriendo. A lo mejor, Elisa estaba tratando de salvarlos.nAl otro día, cuando ya sus hermanos se habían ido, Elisa salió de la cueva.nn“Haré mi trabajo a la sombra de aquel roble”, pensó. “Allá no me verán.”nnSin embargo, un grupo de cazadores la descubrió.nn-¿Tú quien eres? -preguntó uno de ellos con voz áspera. Al no obtener respuesta, la levantó a la fuerza.nn-Quietos -dijo una voz. Era un joven rey.nn-¿Cómo te llamas? -preguntó amablemente el rey. Elisa se limitó a sacudir la cabeza y a sonreír.nn-Ella vendrá conmigo -dijo el rey y ordenó a los cazadores retirarse.nnDe regreso en el castillo, el joven rey intentó hablarle a Elisa en diferentes idiomas, pero ella no hacía más que tejer. Aunque la muchacha no decía nada, su mirada dulce y su linda cara cautivaron el corazón del rey.nnElisa vivía ahora rodeada de lujos, pero pasaba la mayor parte del tiempo tejiendo en silencio. El rey se sentaba junto a ella y era feliz en su compañía. Un día, decidió hablar con el arzobispo.nn-Amo a esta dulce doncella -anunció-, y deseo casarme con ella.nn-Su majestad no sabe nada sobre esta muchacha -replicó el arzobispo-. Bien podría ser una bruja. Ese tejido es bastante extraño.nnSin embargo, el rey estaba decidido. Elisa escuchó en silencio la propuesta del rey y le apretó suavemente la mano. La boda tuvo lugar poco después.nnElisa siguió tejiendo hasta que un día se le acabaron las ortigas. Una noche, se fue al cementerio a recoger más hojas. Aunque allí había tres brujas reunidas, Elisa no hizo caso y pensó sólo en las camisas de sus hermanos.nnEl arzobispo, que la había seguido, se fue a alertar al rey:nn-Le dije a su Majestad que su esposa tenía trato con las brujas -afirmó el arzobispo.nnEl rey queriendo comprobar tal acusación se fue al cementerio. Aterrado, vio a Elisa cerca de las brujas, en torno a una tumba.nn-No lo puedo creer -dijo el rey, desconsolado-. Castígala, si eso es lo que debes hacer.nnElisa fue acusada de brujería.nn-Esposa mía, te ruego que hables en tu defensa -suplicó el rey. Pero Elisa no podía más que mirarlo con ojos tristes.nnAl otro día, la llevaron a la plaza para quemarla en la hoguera. Elisa seguía tejiendo y llevaba con ella las diez camisas para sus hermanos. La muchedumbre enfurecida gritaba:nn-¡Quemen a la bruja!nnDe repente, en el cielo aparecieron once cisnes salvajes que descendieron hacia Elisa.nnAl verlos, ella les lanzó de inmediato las camisas. La gente se quedó atónita al ver que los cisnes se convertían en príncipes.nnSebastián, quien recibió la undécima camisa con una manga sin terminar, tenía todavía un ala.nn-¡Sálvenme! -gritó por fin Elisa-. ¡Soy inocente!nnRodeada de sus hermanos, Elisa se presentó ante el rey. Las lágrimas le rodaban por las mejillas a medida que iba relatando la historia de la madrastra, del encuentro con sus hermanos y el motivo de su silencio.nnEl rey también lloró de felicidad y abrazó a su esposa con ternura. -Sólo alguien con un corazón tan bueno como el tuyo haría ese sacrificio -dijo el rey.nnLa multitud gritaba alborozada:nn-¡Dios bendiga a la reina!nnFue entonces cuando Elisa notó el ala de Sebastián.nn-¡Tu brazo, mi pobre hermano! -dijo Elisa llorando.nn-No llores -la consoló Sebastián-. Llevaré con orgullo esta ala de cisne como prueba de tu amor generoso e incondicional.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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