giuseppina lopardo nos consulta:
Apreciado Moré Yehuda, aún no tengo claro como será el mundo venidero para los idolatras que se dejaron engañar pero no incurrieron en robos, asesinatos, adulterios y otras injusticias ¿vivirán eternamente alejados del placer de la cercanía de Dios? Y qué será de ellos cuando comience y resuciten los muertos en la era mesianica? Gracias, abrazos.
Giuseppina Lopardo, 52, profesora, Carúpano Venezuela
Buen día, le damos una calurosa bienvenida y agradecemos que participe activamente en la construcción de Shalom.
Sobre la temática ya hemos respondido en otras ocasiones, sería bueno encontrar aquellos textos y releerlos.
Gracias.
Ahora, pensemos juntos un ratito.
¿Para qué mandó Dios Siete Mandamientos para los noájidas?
Pensemos algunas respuestas… ¿para qué fracasen en su cumplimiento?
¿Para juzgarlos severamente, como un desquiciado dictador, si no los cumplen?
¿Para hacerles la vida más pesada?
¿Para obstaculizarles el ingreso al placer eterno en el Paraíso?
¿Para divertirse?
¿Para realizar un experimento científico acerca de la conducta de la especie humana?
¿Para ejercer influencias metafísicas desconocidas?
Pensemos…
Ninguna de estas respuestas responden a la pregunta inicial: ¿Para qué mandó Dios Siete Mandamientos para los noájidas?
Si observamos un poquito, veremos que en la mente de muchos quizás se escondan esas incorrectas respuestas, pues han comido de la oscuridad que ofrecen las religiones y tienen opacado el entendimiento de las cosas de Dios.
Pero, cuando nos liberamos y adquirimos lucidez, de a poco vamos construyendo la verdadera respuesta.
Dios ha dado los Siete Mandamientos a las naciones para beneficiar a cada uno de los individuos y a la sociedad en su conjunto.
Por amor, para beneficio de la persona y la sociedad es que el Padre ha decretado el cumplimiento de tales preceptos.
Un beneficio real, en este mundo pero que conlleva el deleite en la eternidad tras el paso al más allá.
¿Queda claro esto?
Es imprescindible que este conocimiento arraigue fuertemente, para que de esa manera los torbellinos de ideas tóxicas de las religiones no impregnen el alma de la persona.
Los mandamientos son un regalo amoroso de Dios para bendecir a la persona con buena vida aquí y en la eternidad.
Con esto que he expuesto, queda respondida su consulta acerca del mundo venidero para la gente que no cumple con alguno de los Siete, pero en particular el precepto de no servir dioses ajenos.
Pero, avancemos, ahora ayudados con un ejemplo.
El buen maestro enseña a sus alumnos técnica de fútbol, conceptos teóricos, realiza prácticas en la cancha, les exige entrenamiento físico también. En diversas áreas, no solamente en lo que hace a pegar con el pie una pelota, los alumnos son preparados y entrenados a diario.
Algún alumno perezoso podrá quedarse durmiendo un rato más, con la excusa que no precisa conocer aspectos teóricos para jugar al fútbol.
Otro se irá temprano, aduciendo que está en buen estado físico y no es para él correr media hora más alrededor de la cancha.
Y así, habrá unos y otros que inventarán cada uno su justificación para no cumplir con su parte del entrenamiento, que desarrolla su esencia.
A la hora de salir a jugar un partido en serio, no un entrenamiento sino en un torneo sumamente importante, ¿cuáles de los jugadores tendrán mayores chances de desplegar un juego al máximo de sus potencialidades?
Le dejo la pregunta para que sea usted la que la responda.
De paso, piense cómo vincular el ejemplo con su propia pregunta.
El buen maestro quiere que cada jugador alcance su máximo posible, entonces, exigirá que los que fueron omisos en sus entrenamientos antes, se esfuercen para alcanzar el nivel deseado ahora.
No es esto por maldad, sadismo, ánimo vengativo… ¡todo lo contrario!
Es por amor que impondrá un intenso pero breve rigor, mucho mayor que el que hubieran tenido que soportar los jugadores si hubieran cumplido con su parte, tal como era obvio a partir del contrato que tenían firmado de antemano.
Bueno amiga mía, ya está respondido.
Quedo de usted, con cariño.
Que sepamos construir Shalom.
Moré Yehuda Ribco
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