
Tres leones disputaban la corona de monarca de la selva, por lo cual, y de acuerdo a la tradición, el que alcanzare primero a vencer a “La Gran Montaña” sería consagrado rey.
“La Gran Montaña” era realmente grande, imponente, colosal, llena de grietas y temerarias dificultades. Un reto impresionante para cualquiera.
A sus pies se congregaron todos los animales, quienes servirían como testigos del noble acontecimiento.
El primer león comenzó a escalar tímidamente, como si le faltara confianza, al poco tiempo, entre moretones y magulladuras desistió.
El segundo, muy envalentonado, trepó con muchas ganas, pero muy rápido, su energía mermó, la decepción lo consumió, la impaciencia lo devoró, el fastidio ganó, por lo cual también abandonó.
El tercer león inició con paso cauteloso pero firme, como midiendo cada zancada. Escaló un buen trecho, aunque estaba su piel arañada, sudaba en abundancia, alguna que otra vez se deslizaba metros y metros hacia abajo, igualmente siguió su rumbo hacia lo alto. Pero, también él tuvo que abdicar a la cima cuando sus fuerzas no le acompañaron más.
Los animales estaban preocupados, pues precisaban a su rey, sin embargo el mecanismo que la tradición les había brindado no sirvió en esta oportunidad (o así parecía).
Debatían y argumentaban, tratando de encontrar alguna solución legal para el asunto, hasta que escucharon el informe del águila encargada de seguir a los leones por la ruta de ascenso. Ésta les dijo: “Yo volaba cerca de cada uno y escuché lo que dijeron:
El primero dijo: Montaña: ¿cómo habría yo de vencerte? Desde antes de empezar ya sabía el final.
El segundo dijo: Montaña: ¡Eres un fiasco! Alguna trampa hay en todo esto. Ya sabía que habría corrupción.
El tercer león dijo: Montaña: ¡esta vez me has vencido! Pero, ¡prepárate para mi próximo intento! Quizás hoy no llegue a ser rey, pero llegaré algún día a coronar tu cima con mi presencia”.
Los animales quedaron en silencio un rato, pero luego estallaron en aplausos y aclamaciones, mientras levantaron en andas para coronar al tercer león como rey de la selva.
Los más sabios decían: “Él venció a la montaña, aunque no llegó a tocar su cumbre. Él es el rey de sí mismo, por lo tanto, está preparado para reinar sobre los demás.”
——- DETENTE ANTES DE CONTINUAR LA LECTURA y piensa cuál sería para ti la/s moraleja/s de este relato.
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Moraleja:
La dificultad que atraviesas puede ser similar a la de otros, o a otras parecidas que ya hayas experimentado antes; lo que varía es tu actitud hacia ella.
Si crees que estás derrotado, lo estás.
Si crees que has vencido porque “te lo mereces”, sin haber hecho aún nada, entonces estás lejos de ser victorioso también.
Pero, si crees que puedes, confías en que el Eterno hace siempre lo bueno, visualizas tu triunfo y trabajas con inteligencia para alcanzarlo, entonces, el éxito y la victoria están en ti.
En el camino está el triunfo y no solamente en alcanzar la meta.
Preguntas para reflexionar
1. ¿Con cuál actitud de los leones te identificas más?
2. ¿Cuál crees que es el secreto del verdadero éxito?
3. ¿Por qué suelen ser nuestras acciones y actitudes las que nos provocan mayores inconvenientes?
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