La idea no es despojarse de lo corporal, físico, material,
sino
vincularlo con lo trascendente, elevarlo, encontrar la chispa de divinidad contenida en cada elemento del mundo.
La idea tampoco es explorar el placer por sí mismo,
sino
que encontrar el disfrute en cada instante,
el regocijo que nos energiza para fortalecernos en andar en la senda del Eterno.
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