
Las fotos de tres niñas de siete años vestidas como adultas, con tacones, accesorios y prendas de Yves Saint Laurent, Versace, Bulgari, Boucheron, Balmain y Petit Bateau, pieles, joyas, mucho maquillaje y sofisticados peinados con laca circulan hoy por las redes sociales y los medios de comunicación provocando una bola de nieve que se agranda en comentarios indignados al considerar que son un límite cruzado, una ofensa contra la inocencia infantil.
Lo dicen porque las niñas están vestidas de escote y miran desafiantes, no juguetonamente como podría hacerlo cualquiera que quiere hacerse la grande dentro del ropero de su mamá. Porque tienen tacones enormes que siempre han estado cargados de fetichismo, porque dos niñas se abrazan, aparentemente, satisfaciendo la fantasía masculina de ver a dos mujeres juntas, porque en lugar de estar lavándose los dientes para prepararse a salir a la fiesta, muchos ven a una niña haciendo sexo oral. Todos opinan. «Pura y simple pedofilia. ¿Qué están haciendo niñas de esas edades en unas poses sugestivas? Incitando al sexo… no hay que tener dos dedos de frente», dice un bloguero. Los padres están aterrados.
Y los psicoanalistas encuentran interpretaciones: «La postura depende del ojo de quien mira la imagen y de la intención que tiene, pero un pedófilo lo es con o sin este tipo de imágenes», dice Ricardo Aponte. Advierte, eso sí, que a pesar de que toda la vida hemos fantaseado con imágenes de contenido erótico, hoy están más a la mano, lo que puede desviarse hacia la pornografía infantil. «Lo de Vogue es una variante de esa manifestación de poder, a través de la fama y el dinero. Roza con la pornografía y llama la atención por eso. Está en el límite», explica.
Por su parte, María Clara Martínez encuentra peligroso el mensaje que envían estas fotografías: «Con la palabra Cadeaux (regalos) en el aviso de una niña vestida con un gran collar de esmeraldas, no queda del todo claro si lo que están ofreciendo es la joya o a la niña. Con un problema adicional, y es que entra en juego la defensa a la que acuden los abusadores, que es decir ‘ella me provocó'».
Pecados de la industria
Pero lo cierto es que este tipo de imagen no es nuevo. Basta recordar cómo la actriz de Hollywood Brooke Shields saltó a la veloz fama: a los 10 años, su madre permitió que posara para el fotógrafo Gary Gross, desnuda y con el cuerpo aceitado en el baño. Se volvió un icono para miles de jovencitas.
El fenómeno Lolita, de las niñas seductoras, es elogiado permanentemente en los medios de comunicación y usado en la publicidad. Las niñas quieren ser sexys, reconocidas y deseadas pues eso es lo que ven todos los días. Si, además, el ejemplo que tienen es que la estrella Katie Holmes (esposa de Tom Cruise) pasee a su hija vestida como ella en miniatura, como una ‘Mini Me,’ lo mismo van a querer las niñas: ser «mini mujeres».
Las marcas cumplen los deseos de los hijos cada día más exigentes y de los padres cada día más complacientes. La Vogue no es ni la primera vez que muestra colecciones de ropa de marca para niñas, ni la única revista que lo hace. Todos hacen parte de un juego que no es de niños: casas de modelaje que prestan el servicio, padres que se lucran con sus hijos, diseñadores, marcas y publicistas que se benefician. Que se encuentren sostenes con relleno para niñas y bikinis minúsculos para menores de siete años señalan que algo está pasando.
Fuente: El Tiempo.
Por el Pronto Retorno de Los Fieles.
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