A veces parece ser que cuanto más nos creemos avanzados en las sendas del bien es cuando más rápido nos damos cuenta de qué tan atrasados estamos realmente. Dejé de escribir por un tiempo porque no me llegaba la inspiración y de hecho este es un momento donde todavía no me siento anímicamente listo como para escribir de la forma que lo hacía antes sin embargo creo que sería bueno compartir mi experiencia con ustedes para que no caigan en los mismos errores en los que yo caí.
Existe un dicho muy popular y harto conocido que dice que nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo hemos perdido y he aquí un ejemplo clásico de ello. No me siento con la moral suficiente o las bases axiológicas o ejemplares determinantes como para emitir un juicio de reproche contra alguien cuando ni siquiera puedo mantener en orden mi propio hogar, sin embargo es este el motivo principal que me ha llevado a escribir este apartado.
El acápite de este comentario no es muy original pero sí describe la idea que quiero comunicar. El ego está al acecho y nunca partimos con él porque se adhirió a nosotros y no lo podemos remover mas esto no implica que tengamos que atenernos a ello y dejar de tratar de hacer las cosas bien. El ser humano se compone de un elemento espiritual, uno corporal y uno mental. La mente es como el cartílago que une al cuerpo y al espíritu y es donde desarrollamos nuestras ideas. Algunos dicen que somos lo que pensamos, yo digo pensamos lo que somos. Las acciones externas atraen a las internas, es por eso que una mente sobria surge del actuar sobriamente y así sucede con todas las cosas.
Desde un punto de vista filosófico se ha dicho que el hombre es bueno por naturaleza pero se malea con el ambiente que le rodea que es el producto del yetzer ha ra. No existen tales demonios que susurran a nuestros oídos y nos hacen “pecar” sino solamente megalómanos que seguimos a nuestro ego y le damos rienda suelta a la estupidez y a la arrogancia, entre esos me incluyo en primer lugar.
Es tan peligrosa esta actitud que el hecho de pensar que estamos haciendo las cosas bien evidencia nuestro divorcio con la realidad de manera tal que dicha realidad ya no es la constituida por los acontecimientos que ocurren en el tiempo y en el espacio sino aquélla que creamos en nuestras mentes finitas. Esa realidad finita que es el producto de la intervención del ego que se da a raíz de nuestra permisión, nos separa de la realidad y nos hace ver una realidad inexistente que nos intoxica y nos superposiciona de manera tal que los adjetivos peyorativos como megalómano, egoísta, arrogante, grosero, etc., pasan a ser descripciones de la personalidad de aquél que se encuentra divorciado con la realidad.
Es así como yo me divorcié de la realidad y no me percaté de que estaba errando de forma severa hasta el punto de lograr matar el amor que una persona muy especial alguna vez sintió por mí. Después de reiteradas ocasiones por tratar de enmendar las cosas, cuando ya era muy tarde, terminé dándome cuenta de cuánto había perdido y de lo estúpido que fui, pero para ese momento ya era demasiado tarde. Como buen imbécil opté por recurrir a lo que me enseñaron en la universidad y tomé el acercamiento como un caso judicial y lejos de tratar de analizar las cosas desde un punto de vista razonable, me fui por la vertiente equivocada y terminé de arruinar lo que ya de por sí había mayado.
La principal causa de divorcios entre parejas es el ego que no nos permite actuar como personas sino como animales. Mi consejo es el siguiente: Cuando tengan algo, queridos amigos y amigas, valórenlo, no lo olviden y mucho menos lo obvien porque cuando ya no está es cuando nos lamentamos y ya para qué. Un amigo mío me dijo que la mejor oratoria y el mejor discurso del que siempre te arrepentirás es aquél que digas cuando estás enojado y tenía toda la razón.
Yo perdí a la persona que amaba por mi estupidez y mi ego y sé que no hay marcha atrás. El amor que ella alguna vez sintió por mí se ha esfumado o más bien, lentamente fue eliminado con mi actuar chabacano y chovinista pero lo peor de todo es que yo la sigo amando a ella. Como sé que no hay marcha atrás, a pesar de muchos intentos por rectificar las cosas, me he dado cuenta de que la relación ha fenecido sin embargo ello no significa que esta experiencia no sirva para que la comparta con ustedes, escrita con el sentimiento que me embarga para que ustedes no cometan ese mismo error porque este sentimiento es tan fuerte que sé que tendrá que calarles para que aprendan de los yerros ajenos, en este caso el mío. Es más, insto a todos aquellos que lean este comentario para que se tomen su tiempo y dejen de observar el monitor de sus ordenadores por un momento, se levanten de su silla y le den un abrazo y un beso a sus parejas y les digan cuánto los o las aman.
No dejen que la indiferencia o peor aún, el ego les gane la partida y terminen como yo, envenenando el amor legítimo y lamiéndose las heridas que uno mismo se infligió por la estupidez y la vanidad. Espero que este comentario les sirva de ejemplo para que no transiten las mismas sendas oscuras que yo transité y de paso para que agradezcan de corazón al Eterno por el hecho de tener a alguien que les ame. En lo que a mi respecta aprendí una lección muy valiosa, lástima que fuera de forma tardía donde ya el daño es irreparable.
Que El Eterno les bendiga y les cuide.
Una experiencia para que no cometan los mismos errores que yo
Una experiencia para que no cometan los mismos errores que yo
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