Mientras almorzabamos mi esposa y yo hablabamos acerca de las cosas que decimos sin pensar mucho en ellas, por ejemplo, «Él es muy educado». Pregunté a mi esposa qué entendia ella que implicaba esa frase, su respuesta fue: «Que es amable». Le dije «Pero yo conozco gente que no recibió ninguna educación y son más amables que quienes la recibieron».
Esto llevó a que la charla se extendiera y hablaramos de cómo la gente confunde las ideas o usa un lenguaje inadecuado para expresarlas, o recurre al típico «usted me entiende lo que quiero decir» para no recurrir a un lenguaje más preciso.
Mientras comiamos hablabamos de las experiencias escolares. La maestra que le dice a sus alumnos «¿Y a usted en su casa no le enseñaron a saludar… a decir gracias… por favor… de nada…?» Nos dimos cuenta que la escuela espera que tus hijos YA sepan buenos modales al ingresar a ella. Los profesores reclaman un mínimo de cortesia que debió ser impartida en el hogar.
Con esto nos dimos cuenta que entre los roles de la familia está enseñar buenos modales a sus hijos, lo que la gente diria «tus hijos son muy educados».
La escuela de hoy en dia no enseña modales, espera que tu lo hagas en casa. Y no está mal del todo. La escuela no es un lugar donde vas y botas a tus hijos durante medio dia o un dia completo. La escuela se limita a vaciar contenidos que están supuestos que sean procesados en el seno familiar.
Como noájidas tenemos un gran reto por delante y es velar porque nuestros hijos más que amables sean en verdad educados, es decir, que reciban los conocimientos escolares pero que estos pasen por el tamiz de las Leyes Noájicas.
Mientras no existan escuelas noájidas debemos cuidar todo lo que aprenden nuestros hijos, porque a ellos se les hará fácil dar por sentado todo lo que reciban ya que vivimos en una sociedad donde la gente cree que poseer un titulo universitario es sinónimo de dominio de la verdad absoluta, si no pensemos en el caso de muchos médicos que nadie se atreve a cuestionar porque a la final «él es médico y usted no».
Qué no pase un solo dia en que no preguntemos a nuestros hijos «¿Qué te enseñaron hoy en la escuela? Al EGO le fastidia sentarse a revisar cuadernos, al EGO le fastidia hablar de la escuela, al EGO le aburre hacer tareas con tus hijos. Al EGO les encanta dejarlos solos en lo relevante.
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