Los sectores menos pudientes y la correlación con el fanatismo religioso

YR Por Rav Yehuda Ribco
14/07/2011 10 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Los sectores menos pudientes y la correlación con el fanatismo religioso

Por Rav Yehuda Ribco • 14/07/2011 • Material de estudio para la mesa de Shabat

A través del tiempo las grandes sociedades modernas han debido de poner especial atención a la clase media que es la que da forma al sistema moral y ético, en cuanto al sentido material, ya que para las clases económicamente bajas y altas el tema moral es relativo. Nótese el ejemplo de la madre soltera que es muy mal vista ante la clase media, en la alta sociedad no se da porque se recurre al aborto y en las clases bajas se ve con más normalidad por la recurrencia constante, lo anterior solo por mencionar un ejemplo.

Es así como por lo menos en Costa Rica, se ha visto un fenómeno interesante en cuanto al fanatismo religioso el cual va ligado con substratos económicos limitados. Parafraseando a Victor Hugo en su obra “Los Miserables,” en uno de los diálogos que se daban entre los personajes y uno de los cínicos se mencionaba las bases axiológicas, o acaso biológicas, que yacían para la creencia en la religión. Según mencionaba el personaje, que era acaudalado, el solvente al tener un poder de compra muy grande tiene también la oportunidad de filosofar acerca de las cosas que le rodean y por lo tanto cuestionar sus valores y creencias mientras que el insolvente, al estar desposeído, materialmente hablando, recurre a sus creencias y bases axiológicas para poder mantenerse cuerdo.

Hasta hace unos cuantos años, nuestro país era de corte católico donde la maquinaria romana ejercía control en todas las esferas. Conforme se fue secularizando el gobierno y por ende las instituciones, los mercaderes de la religión vieron una gran oportunidad en tomar control de los más pobre a través de artimañas “misioneras” bajo el acercamiento de que “el césped nuestro es más verde que el tuyo” y que recurriendo a la algarabía y al jolgorio lograron atraer a los desposeídos de las áreas urbanas a sus centrillos de “adoración” que más bien se asemejaban a una casa de desplume, donde les enseñaban la “Biblia” de un modo distinto. Ese modo consistía en apartarse del modelo católico solemne, entendiéndose este último vocablo bajo la acepción de formalidad, gravedad y rigidez que no llegaba a las masas sedientas por un poco de “regocijo” en sus vidas.

Un autor nacional resume muy bien la percepción que se tenía del sistema solemne católico que imperó en nuestro país hasta principios de la década de los ochenta del siglo pasado y que fue reemplazado por un modelo de cristiandad protestante importado principalmente de los Estados Unidos. Él decía que a pesar de las miserias económicas que había, la gente esperaba con ansia los “rosarios” de los acaudalados porque daban golosinas y demás bocadillos que la persona pobre no podía comer salvo en esas ocasiones “especiales.” Así pues, con los movimientos de corte socialista iniciados después del golpe de Estado de 1948, donde se buscó dar vivienda digna a los sectores menos pudientes de la población, se empezaron a construir modelos de casas de habitación y vecindarios que en nuestro país se conocen como “de bien social” y que venían a darle un mejor techo a aquellos que no contaban con los medios económicos para procurárselo por sí mismos.

Estos nuevos vecindarios dieron origen al singular fenómeno de la “misión” por parte de los mercaderes de la fe que aunados a programas como los Cuerpos para la Paz creados durante la Administración Kennedy, vinieron a combinarse con las condiciones singulares de las viviendas de bien social y así comenzaron a adoctrinar a los habitantes de estos nuevos vecindarios en creencias cristianas de corte protestante. La rigidez y frialdad católica cedieron su lugar a  la aparente flexibilidad y calor protestante, que no era ni es tal, pero que no obstante esto las personas de escasos recursos acogieron con gozo debido a que se ajustaba más al estilo de vida al que estaban acostumbrados.

Mientras que el sistema católico-romano era uno sumamente clasista y discriminador, el  sistema protestante era egalitario, al menos en apariencia, y acogedor ya que no hacía distinciones como sí lo hacía el primero. En realidad este es un tema que trataremos en otra ocasión puesto que debido a la negativa de emperadores como Nerón de dar lugar al cristianismo, no les quedó más remedio a los profesantes de esta creencia errónea el tener que recurrir al zoroastrismo y a las clases sociales pudientes de otras latitudes distintas a la judía para poder convencer a los segmentos de mayor paridad económica y de esta forma hacerse con el poder, por lo que la inclusión de un sistema solemne era ideal para poder convencer a los patricios romanos y persas y de esta forma obtener el apoyo económico y político necesario para poder lograr su odiable cometido.

Entre los primeros que llegaron a tomar control real de las poblaciones menos pudientes estuvieron los mormones y los atalayas que recurrían a la logística guerrillera de la verborrea y de la manipulación psicológica para atraer a los tontos a sus mataderos donde los descuartizaban con el mal llamado diezmo que bien pudo llamarse quinto o acaso más que eso porque con las “actividades” que realizaban los “pastores” no era de extrañar que al final de la quincena los pobres diablos víctimas de los fetraficantes tuvieran que pedir prestado para poder tener al menos con qué pagarla tarifa del camión para ir a sus trabajos y recibir un salario para repetir el círculo vicioso de la entrega del diezmo y celebración de demás festejos destinados a enriquecer al desfachatado “pastor.”

En su afán de lucrar, las mal llamadas iglesias, tanto católica y protestantes, recurren a tácticas que cualquier publicista envidiaría. Como dijo Kenneth Galbraith, al utilizar miedo aquí y miedo en el más allá, logran hacerse del poder a través de este vehículo y por lo tanto tienen la facultad de dominar a las masas no pensantes que como buenos borregos van y dejan su patrimonio en manos de un inverecundo que utiliza la tergiversación y la idiolatría-egolatría para alcanzar la prosperidad económica a costas de los demás.

Después de mucho deliberar y de ver el reiterado mensaje de nuestro querido amigo Moré que bien nos recuerda que el conocimiento adquirido debe de ser puesto a servicio de nuestros hermanos, lo cierto del caso es que sólo se puede lograr si les damos una educación con base a las Siete Leyes Universales para que de esta manera despierten de ese letargo en el que viven y comiencen a vivir una vida espiritual.

Al encontrarme en una edad de juventud, me he dado cuenta lo difícil que es el conseguir una pareja que comparta los principios que se enseñan en este sagrado hogar. Por un lado se tiene a las jóvenes que han sido educadas en ambientes católicos desde muchas generaciones atrás y que son tradicionalistas y ven a los no católicos como comunistas u orates. Por otro lado están las jóvenes educadas en ambientes cristiano-protestantes que suelen profesar el fanatismo religioso y que buscan por todos los medios que las parejas en potencia de las jóvenes se adhieran a sus cultos y comiencen a dejar sus salarios o acaso sus patrimonios en las arcas del fetraficante cabecilla de la organización.

Con el avance económico que la sociedad costarricense ha experimentado debido al modelo del social-desarrollo adoptado por nuestro país, la polaridad económica resultante entre católicos y protestantes de las décadas de los sesentas, setentas y ochentas del siglo anterior ha sido remplazada por una relativa homogeneidad producto de la escala social de estos grupos. Sin embargo al vivir en un país de herencia iberoamericana donde todavía el nombre y apellido juegan un papel preponderante en el espectro social, se dan connotaciones de origen y por ende económicas en cuanto a las creencias que se profesen.        El éxito de los protestantes estribó en el planteamiento aparentemente egalitario que suplantaba al clasismo católico imperante y que a través de la algarabía y del jolgorio lograban que las personas menos pudientes vieran con mejores ojos al sistema protestante que al católico.

Para los que hemos hecho un análisis concienzudo de estos temas, es más que evidente que las artimañas de ambos lados, tanto del sistema católico-romano así como el del cristiano-protestante, dejan en claro una cosa; ambos son producto del tráfico de la fe. Decidimos mencionar las circunstancias de Costa Rica por ser éstas bastante particulares en cuanto al estar vinculadas al modelo del Estado social de derecho que se adoptó a partir de la década de los años cuarenta del siglo pasado y que ha servido para crear una clase media que hasta hace un lustro, era relativamente fuerte y que además, debido a proximidad física del que suscribe con este sistema social de derecho, ya que radico en Costa Rica, lo cierto del caso es que era necesario incluir ya que es del que tengo conocimiento. En efecto, sería bueno que nuestros amigos de otros países compartieran un poco de la historia de cómo fue que el fenómeno del fetráfico tomó control en sus respectivos países.

De lo anteriormente expuesto se puede colegir que  el problema del fanatismo religioso estriba en la falta de educación que estas personas tienen y la sed de llenar esos vacíos espirituales que llevan dentro. La sed desmedida por el dinero no es más que la evidencia del ego herido y resentido por diversas situaciones que van desde el resentimiento social hasta la egolatría propia. El noájida no se ve a sí mismo como un miembro de una nueva religión sino más bien como aquél que regresa a sus orígenes y logra conciliar tanto mente como espíritu y de esta manera atiene la paz espiritual en un marco de materialidad mensurada.

No se trata de imponer por la fuerza un nuevo sistema a los cegados por la fe. Es verdad que los discursos y cantaletas misioneras nos hacen a veces perder la paciencia pero lo cierto del caso es que con la imposición y la altanería no lograremos nada. Nótese cómo es que el diálogo y la persuasión no coercitiva funcionan mucho mejor que el cetro y la espada. Esto no quiere decir que a veces no sea necesario su uso, sin embargo el fin de nuestra labor es que se alcance la paz y la armonía y a pesar de que se pueda hablar de que el fin justifica los medios, lo cierto del caso es que no es este el mejor método para lograr la liberación espiritual y en muchos casos, material, de nuestros semejantes.

Nótese que lo mismo ocurre con otros sectores poblacionales en otras latitudes. El fanatismo religioso va ligado con la necesidad intrínseca del ser humano de saciar su ego y de sentirse superior a los demás. A nadie le gusta sentirse que es despreciado o segregado contra su voluntad y esto se puede observar en las diferencias que se dan entre los musulmanes chiitas y sunitas. Ambos profesan la idólatra creencia del islam que no es más que la historia cristiana pero con ciertos cambiecillos para poder manipular a un grupo que de otra forma no podría haber sido controlado para los propósitos de lucro y poder que buscaron los creadores de esta errada forma de pensar.

Hasta aquí el comentario de hoy.  Les deseo un excelente fin de semana y les envío cariños y saludos a todos.

Foto: Familia de atalayas en busca de nuevas personas que se adhieran a su sectilla.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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