¿Cómo funciona la mente de una persona corrupta?

YR Por Rav Yehuda Ribco
22/11/2011 7 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

¿Cómo funciona la mente de una persona corrupta?

Por Rav Yehuda Ribco • 22/11/2011 • Material de estudio para la mesa de Shabat

¿Qué lleva a un profesional con un alto cargo, buen sueldo y reconocimiento público al soborno o la ‘mordida’? Esta pregunta se planteó el psiquiatra colombiano Guillermo Acosta: «¿Qué induce a la persona arntrocar los comportamientos éticos por acciones perversas y corruptas?».

La respuesta puede estar en la cabeza. No es que la corrupciónrnsea un trastorno mental, sino que existen personas predispuestas arnella. Según Acosta -que basa sus teorías, principalmente, en lo dicho por el psicólogo estadounidense Theodore Millon-, los corruptos son personas con alguno de estos dos tipos de trastorno: narcisista -definido como egoísta- o antisocial -definido como fanfarrón-. Ambos, identificados por la inclinación arncentrarse en sí mismos como fuente para satisfacer sus necesidades. Los primeros, convencidos de que son superiores a los demás; los segundos, guiados por la necesidad de mostrar esa superioridad.

«Sonrncaracterísticas que los llevan a no considerar al otro -explica
Acosta-. Se trata de personas explotadoras, abusivas, que en su dinámica mental no tienen en cuenta la ética global». El de tipo antisocial no acepta la culpa,
quizá llegue a sentir vergüenza al verse expuesto al escarnio público, pero nornarrepentimiento. En cuanto al narcisista, es alguien tan encerrado en sí mismo que pasa sin detrimento por encima de los demás.

Este tipo de personas,
indiferentes a las normas y con la idea de estar más arriba que ellas, puedenrnllegar fácilmente a la corrupción. Muchos, incluso, lo hacen sin entrar en conflicto directo con la ley, pues pasan desapercibidos. «Se trata de los famosos delincuentes de cuello blanco, que se atrincheran en sus posiciones y hasta reciben aprecio social por sus logros económicos y de poder», dice
Acosta.

¿Qué hace que una persona sea así? Se mezclan factoresrnbiológicos, genéticos y ambientales, que son los que conforman los patrones de personalidad. «Habrán visto que hay niños apacibles y otros que son un terremoto. Los humanos, como todo animal, somos diferentes uno del otro«.

Este sustrato con el que nacemos se va a sumar a lo que se aprenda, sobre todo en los primeros años de vida. Si un niño no recibernlímites, si todo lo que hace está bien y es fuente de aplausos, va a formarse en una independencia en la que no tendrá consideración con los demás. De igualrnmanera, si a otros se les promueve la dependencia en función de recibir del exterior, se quedará a la espera de que todo le llegue. «Lo que se busca es una persona que, como en una constelación, tenga de todo un poco, piense tanto en los demás como en sí misma -dice Acosta-. Ese equilibrio hace una personalidadrnfuncional».

***

Durante la niñez, dicen los especialistas, se forma el futuro psicológico de la persona. En esa etapa el ser humano empieza arncomprender quién es él y quién es el otro. En ese andar, el niño comienza arnincorporar valores, a formar el superyó, que le dirá qué es lo bueno y qué es lornmalo. Y lo hace casi sin darse cuenta, puede ser cuando va en el carro con sus padres y nota cómo se cruzan el semáforo en rojo porque nadie los está viendo, o se detienen a cumplir la ley.

«Las fracturas en estas primeras fases de desarrollo generan muchas de las patologías citadas -afirma Acosta-. Y hay que ver que el abandonado no es solo el niño que vemos en Bienestar Familiar. Puedernestar abandonado en un entorno de lujo y comodidad, sin ese vínculo afectivo que le ayude al tránsito de maduración al empezar a explorar el mundo».

-¿Toda persona corrupta ha tenido padres con característicasrnsimilares?

-No necesariamente. Pero definitivamente hubo elementosrnfamiliares que influyeron.

Estas personas crecen con una patología que se refleja en la tendencia a controlarlo todo y a la transgresión de las normas,
sin tener en cuenta el impacto que sus acciones ilegales tengan sobre los demás,
pues carecen de empatía. En su actuar, hacen uso de su posición social o económica privilegiada. Hace poco visitó a Bogotá uno de los expertos másrnreconocidos en la lucha contra la corrupción, el británico Bertrand de Speville.
Conocedor como pocos de casos que implican este delito, afirmó que lo que másrnsorpresa le causa es encontrarse con personas que, sin necesidad de dinero,
llegan a la corrupción para tener más. Es lo que hoy se preguntan muchosrncolombianos, al ver nombres de reconocidos profesionales o políticos vinculados en delitos que los tienen en la cárcel.

Y no solo se habla de grandesrnescándalos, sino de hechos cotidianos. «Es tan corrupto el acto de robarlerndinero al Estado como el de no responder por la alimentación de un hijo», agrega el experto. Ambos reflejan la falta de consideración por el otro.

A nivelrnbiofísico, manifiestan un estado de ánimo despreocupado e indiferencia. Sonrnseres con déficit de caridad social, falta de civismo y desinterés por la seguridad de los demás. «Y sus acciones afectan a todos -dice Acosta-. Mire cómornsufrimos andando por la calle 26, por ejemplo».

No es asunto de género,
como muchos creen, al suponer mayor honestidad en la mujer. Es tan propenso el hombre como la mujer, lo que pasa es que se ha hecho más evidente en hombres al ser mayor su presencia en cargos de poder. Tampoco se trata de personas con másrninteligencia. Si acaso, tienen más astucia.

¿El corrupto siente placer al cometer el delito?

Uno se pregunta cómo una persona con plata y poder hace más trastadas. Por el placer narcisista,
omnipotente, del riesgo. Tiene la sensación de que es Supermán, de que estárnblindado contra toda kriptonita. Eso la lleva a ciclos de actuación repetitiva.
Por más carcelazos, vuelve a lo mismo.

Estas patologías se presentan en forma leve, moderada o grave y, según sean, pueden recibir tratamiento. Si esrnleve o moderada, es posible que sea útil la psicoterapia individual; si esrngrave, el camino adecuado es una medida correccional: un tiempo de largarninstancia donde reciba educación conductual para cambiar los patrones de comportamiento. «Estas personas no suelen consultar con deseos de cambio a un especialista. Si lo hacen es por vergüenza, al ver su situación complicada o porque una enviada a la cárcel los llevó a una depresión».

¿El corrupto es un enfermo?

-No. Tiene una psicopatología, pero eso no lo hace inimputable. Es responsable por sus actos,
así su disfunción psicopatológica sea mayúscula. A diferencia del psicótico, que pierde contacto con la realidad, estas personas son conscientes de lo que hacen.
Por eso hay que darles una pena y ofrecerles tratamiento.

¿Qué tanto les sirve un tiempo en la cárcel o una psicoterapia?

Para Acosta, es difícil responder si una persona que ha cometido un acto de corrupción necesariamente va a volver a hacerlo. «Si no existe en ellos un cambio intrasíquico, lo seguirán haciendo. Por eso, en algunos casos, las sanciones tendrán que ser permanentes o largas. Que nunca más se acerquen a las arcas del Estado, por ejemplo, porque si lo vuelven a hacer,
seguro vuelven a meter la mano».

La intervención sobre estasrnpersonalidades propuesta por Millon tiene como objeto equilibrar las polaridades que imperan en ellas y centrar su atención en las necesidades del otro.
«Desmantelar la explotación interpersonal y fomentar la cooperación como algornpositivo». Ante este panorama, es claro por qué, cuando se habla de corrupción,
no es suficiente pensar en fortalecer las instituciones o la justicia, sino en darle una mirada a la salud mental de quien está a cada lado de un contrato.

MARÍA PAULINA ORTIZ

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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