La oración supersticiosa coloca al Creador en rol de genio de la lampara, esclavo que obedece cada capricho humano, payaso de fiesta que está alli para sorprender a quien esté aburrido.
La oración supersticiosa se hace para tener buena suerte, para ligar que «el universo conspire a mi favor».
La oración supersticiosa la hace quien cree que Dios es alguien con quien se debe negociar los favores.
La oración verdadera se puede hacer incluso sin palabras, sin peticiones, sin demadas, exigencias.
La oración verdadera no es una descripción de los atributos del Creador.
La oración verdadera quizás tenga algunas peticiones, pero tambien tiene consciencia de que el Creador no está obligado a responderlas.
La oración verdadera no es una receta mágica que al terminarla hará todos mis deseos realidad.
La oración verdadera puede ser un simple y honesto “gracias”, pero tambien puede ser una conversación respetuosa, a veces puede ir acompañada de lagrimas.
La oración verdadera va acompañada de la consciencia de que a través de ella el ser humano se conecta (no porque esté desconectado) con su origen, sino reconoce que su lugar es aqui, en la Creación.
Quien reza por un trabajo inmediatamente sale a buscarlo. Pero hay quien reza por un laburo y se queda en casa esperando que le llegue.
La oración verdadera no precisa de libros de rezos, aunque pueda guiarse con ellos, pero no por eso crea dependencia a ellos.
El Talmud afirma que cierto hombre justo concluía siempre sus plegarias con las siguientes palabras:
«Dios, Tú sabes qué es bueno para mí y mi modo de vida. No he venido a informarte de mis necesidades o para llamar Tu atención a ellas; más bien, para que yo me dé cuenta de cuánto dependo de Ti…» (Citado en Jovat HaLevavot, Shaar Jeshbón HaNefesh.)
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