Yo no sé si existan los secretos. No sé si sean una clase de tweet que están escritos en 140 caracteres. No sé si estén escritos en lenguas muertas. O estén a la luz, sin darnos cuenta de que ahí están. Pero, lo que sí sé, es que si son secretos, entonces jamás se sabrán.
Alguna vez leí sobre un humanista alemán, Johann Reuchlin, y que se dice que en las universidades germanas sentó las bases del estudio del hebreo, ya que sentía una gran admiración por la lengua, además de revalorizar el griego. Cuentan que un día en Roma, le pagó una enorme cantidad de dinero a un judío por enseñarle a pronunciar una sola palabra.
Él estaba tan absorto en el estudio de los textos israelitas, según porque tenía la idea que iba a llegar a encontrar los secretos de su “religión”. Ya que este humanista estaba plenamente convencido de encontrar en ella una solución a los grandes enigmas de la humanidad.
Interesante, ¿no? Estuvo a punto de llegar a saber de los Siete Preceptos Universales para las Naciones, o si llegó a pasar por los textos que los enuncian, estaríamos ya muy avanzados en la tan anhelada por muchos, Era Mesiánica.
Falta mucho, pero espero que sea mañana la llegada de esa época, y si no, no importa, sigamos adelante, tenemos trabajo que hacer, como revelar el secreto para encontrar la solución a los grandes males que aquejan a la humanidad.
¿Compartimos el secreto? ¡Sí!

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