Tengo un amigo, que siempre me ha sorprendido con sus publicaciones. Su forma de ver las cosas, sin velos o interpretaciones sociales, me sorprende mucho; y sobra decir que aprendo mucho de él tambien.
Hace poco me publicó una historieta que quiero compartir con todos ustedes. La he llamado «Una circunstancia vista de dos maneras: por el religioso, por la espiritual» porque a pesar de ser un cuento, ejemplifica como una circunstancia puede ser vista desde dos perspectivas: la ególatra y complicada forma ritualista religiosa, que busca si la interpretacion de lo que acontece está en concordancia con la religión; o la libertadora forma espiritual, que no busca el misterio detrás de bastidores de la gran obra de la vida, sino que vive y disfruta de pleno.
Sin más, aqui esta la historieta:
«El Papa decretó que todos los judíos debían convertirse al cristianismo o abandonar Italia. Esto produjo una fuerte reacción de parte de la comunidad judía, de modo que el Papa ofreció un acuerdo: tendría un debate con el líder de la comunidad: El Papa.
Si ganaban los judíos podrían quedarse en Italia.
Si ganaba el Papa debían abandonarla.
Los judíos aceptaron y buscaron un anciano y sabio Rabino para que los representara en el debate.
Pero, como el Rabino no sabía hablar italiano, y el Papa no sabía hablar hebreo, acordaron que el debate fuera silencioso.
El día elegido, el Papa y el Gran Rabino Moshé se sentaron frente a frente, y por un minuto ninguno se movió.
De pronto, el Papa levantó su mano e hizo un giro con ella apuntando con tres dedos.
El Rabino miró hacia atrás, levantó su mano y apuntó con un dedo.
Luego el Papa giró su mano alrededor de la habitación.
El Rabino apuntó con su dedo hacia donde estaba sentado el Papa.
El Papa sacó la hostia y el vino.
El Rabino sacó una manzana.
El Papa, entonces, se levantó de su asiento y se declaró vencido.
El Rabino, que era muy sabio, sentenció: «los judíos pueden quedarse en Italia«.
Más tarde, los cardenales le preguntaron al Papa qué había pasado.
El Papa respondió:
«Primero levanté los tres dedos para representar la Trinidad. Él levantó uno para mostrar que cree en un sólo Dios, lo que es común en ambas creencias.
Luego yo levanté un sólo dedo y giré mi mano para mostrar que Dios está alrededor de todos nosotros. El contestó apuntando el suyo hacia el suelo diciendo que Dios estaba aquí, con nosotros. Luego tomé la hostia y el vino para mostrar que Dios nos absuelve de todos los pecados. El sacó la manzana para recordarme el pecado original. Con ello me venció y no pude continuar«.
Entretanto, los miembros de la Comunidad Judía se reunieron a celebrar el resultado, y le preguntaron al Rabino qué había sucedido.
El Rabino respondió:
«Primero me dijo que sólo teníamos tres días para abandonar Italia, así que le contesté con el ademán de «¡Anda a cagar!». Luego me dijo que el mundo iba a estar limpio de judíos y le contesté: «Sr. Papa, nosotros nos quedaremos aquí.»
La Comunidad Judia, sorprendida, le volvió a preguntar al sabio Rabino:»¿Y luego, que pasó?»
Y les respondió el Sabio:
¿Y yo qué sé?.. éL SACÓ SU ALMUERZO Y YO SAQUÉ EL MÍO.
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