Hace pocos días, me llamó la atención un párrafo que aparece en el artículo “Feliz de Cuerpo y Alma y algo más”, ya que me hizo pensar que una necesidad física no solamente se satisface con una respuesta instintiva. Requiere valores agregados.
El párrafo dice así:
“…Su cuerpo, repito, su cuerpo anhela a Dios como anhela el agua cuando está sediento…”
En la conversación que sostuvimos en el apartado de los comentarios, una buena amiga nos compartió, abreviadamente, algunos malos sentimientos que sentía hacia ella misma y que tuvo debido a malas experiencias pasadas en su vida.
Posteriormente, trasladamos nuestra conversación para el apartado de comentarios del post publicado “El consejo Diario 392”, en donde la buena amiga nos continuó compartiendo, más detalladamente, sus experiencias y deseos personales; y fue en dichos comentarios donde me identifique con esas sensaciones molestosas y apáticas que en algún momento experimenté debido a malas experiencias personales pasadas, y que de alguna manera, llevan a la persona en estados catatónicos y apáticos hacia La Vida.
Considero que poco a poco, con paciencia y lectura, especialmente lo referente al EGO y su funcionamiento, es que la persona va a ir entendiendo que sus deseos personales de que las circunstancias que vive sean mejores para no tener apatía por la vida, tienen una causa: La Sensación de Impotencia (real o imaginaria). Es decir, esos deseos que se sienten de no sufrir, de no vivir o de superar lo que considera injusto para la propia vida, con toda sinceridad, son sentimientos profundos de impotencia.
Equivocadamente, se cree que esa sensación de impotencia es una especie de “sed espiritual” o “sed de Dios”; pero si se analiza calmadamente la razón de esa “búsqueda implacable de Dios” se deduce fácilmente que no es un anhelo sincero, sino que es un deseo a no sufrir más por las circunstancias que se viven debido a esa rebeldía que tenemos los hombres a negar o controlar las circunstancias. A modo de ejemplo:
Se pasa una circunciancia que a uno no le gusta, agrada, o no quiere. Se siente impotente, solo y abandonado ante dicha circunstancia por que no tiene ningún control sobre ella. Se intenta luchar con todas las fuerzas y todos los recursos que se disponen para tomar el control de las circunstancias y así cambiarlas, pero no se puede y son insuficientes los recursos.
Como medida desesperada, se reza a Dios (o se inicia en alguna religión, rito, etc) con el fin de buscar su favor, casi en suplicio para que corrija esa mala racha que se está atravesando por que se es injusta, mala o no es merecida, etc.. Pero parece que Dios es sordo, por que las circunstancias no cambian; más bien empeora.
Se llega a la conclusión de que Dios no existe, no oye, no se interesa, no le importa, etc por que la circunstancia en lugar de irse, corregirse o eliminarse, empeoró o se mantuvo igual. Como sigue igual, se llega a la conclusión de que la vida es injusta e ingrata, que no vale la pena nacer para sufrir tanta desdicha o desgracia. A veces se intenta autoelimirase directamente; pero la mayoría de veces indirectamente (no importándole a la persona nada, ni su salud, ni la de las personas que dependen de él o ella, se dedica a autodestruirse a pocos), entonces de bebe en exceso, se fuma sin freno, se consume drogas, se llega tarde al trabajo, y un sin fin de ejemplos.
¿Qué paso acá? ¿Por qué se siente tanta impotencia ante lo que ocurre? ¿No será más bien que lo que me está matando es que no se está cumpliendo mi voluntad al querer no pasar lo que se está viviendo? ¿No será que lo que yo llamo “sed de Dios” o “sed espiritual” es más bien un “oscuro” deseo de “buscar” a Dios para que el controle lo que a mí no me gusta de la vida? ( puse La Vida, y no Mi Vida, porque con la sinceridad del caso, es La Vida lo que uno quiere corregir para estar, egoístamente, más cómodo; o bien, no sentir tanta impotencia y creer que alguien más fuerte está controlando todo).
De a poquitos, y con la información que se puede obtener de este sitio, se entiende de que no hay nada místico en el cuadro que expuse; ni nada que solo una persona ha vivido. Todo apunta a que ha sido El Ego lo que ha impedido la “entrada de Dios” en la vida propia; ha sido nuestro Activo Natural de Sobrevivencia el que ha impulsado a intentar controlar las malas rachas o las circunstancias; o bien, a buscar a algo o alguien que imaginamos más fuerte para que nos ayude a controlarlas. Nunca sentimos con sinceridad algo que se pareciera a “Hágase Tu Voluntad porque yo quiero vivir”. Todo fue “Ayúdame a que se cumpla mi voluntad porque no quiero sufrir”.
Por otro lado, esa sensación de impotencia ante lo que ocurre y que equivocadamente se asocia con “sed espiritual” o cualquier otro pseudoconcepto, no se va a eliminar de nuestra vida, tampoco se va a desaparecer, por más que se lo “roguemos a Dios”; por una sencilla razón: es el detonante que necesita el EGO para mantener con vida al Hombre; es lo que el motor generador que arranca el instinto de sobrevivir. Primeramente ante el inicial terror de impotencia del nacimiento que experimenta el recién nacido, para que sea atendido por otros, debido a que nacemos sin ninguna arma física como si las tienen otras especies. Segundo, porque la sensación de impotencia es lo que detonará al EGO en el caso de un peligro real e inminente de muerte (caso por ejemplo el de una persona que se esté ahogando).
Así pues, nuestro gran problema no fue la sobre extralimitación de esa Sensación de Impotencia, sino la sobre extralimitación del EGO cuando se sentía impotencia.
Gracias amigos por leerme. Hasta acá dejo mis ideas. Se les quiere.
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