“Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia.”
Simón Bolívar
Modestamente interpreto las palabras del Libertador.
Un noájida ignorante de su identidad espiritual se disfraza de religión (deísta o atea), o de judaísmo, lo que lo lleva a negar su propia felicidad y “salvación”, y por tanto está en estado ruinoso.
Ambiciona lo que no le pertenece (sea Torá, judaísmo o idolatría), intriga, se envuelve en todo tipo de engaños, es crédulo e inexperto, una ovejita a merced de los astutos lobos que se presentan en ropajes de pastores o rabinos.
Pierden sus vidas a cambio de adoptar falsas identidades, quieren creer que las ilusiones son realidades, por fe anulan el razonamiento y la honestidad, excusan el libertinaje bajo el título de libertad, traicionan justificándose en mandatos religiosos, gritan “justicia” pero solo entienden de venganza, saludan “shalom” aunque malicia sea lo que vomitan, parlotean de “dios” pero es el EGO a quien rinden culto.
Todas estas cosas le alejan de la felicidad, de Dios.
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