Despertar a la identidad noájida, no es precisamente haber ganado la carrera.
Despertar para algunos puede resultar como añorar una y otra vez esa des-conexión total de la realidad que le otorgaba el sueño (religión), y que le mantenía inmóvil e inconsciente del mundo real, éstos son propensos a quedar nuevamente dormidos. Hoy se llamaron noájidas, pero mañana… ya no les ves.
Despertar para otros también puede ser “levantarse como sonámbulos”, caminando pero aun aletargados por el sueño… intentando alcanzar “otro sueño”, … otra religión, otro título, éstos están en pie… pero NO despiertos. En realidad nunca despertaron, y aunque hubiesen hablado solo les viste pasar.
Finalmente esta aquel que despierta, y ¡Despertar! es querer descubrir lo que significa estar vivo, sin añorar la muerte placentera que otorga el sueño, ni caminar como sonámbulo en busca de otra ensoñación.
¡Despertar! en verdad es vivir a plenitud, sin miedo a conocerse, sin temor de auto examinarse, sin miedo a equivocarse porque; el que así despierta sabe, que es en vida donde puede trabajar para corregirse y comprende que viviendo es la única oportunidad que tiene para construir shalom de adentro hacia afuera.
Hagamos “ruido” para que más despierten.
¡Un abrazo!

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