¿Tu niño interior?

YR Por Rav Yehuda Ribco
18/07/2014 2 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

¿Tu niño interior?

Por Rav Yehuda Ribco • 18/07/2014 • Material de estudio para la mesa de Shabat

El bebe es absolutamente egoísta.
Está bien que así sea.
Porque no cuenta con herramientas físicas ni de experiencia para ser diferente.
Y, porque necesita de toda su energía y disposición para crecer, desarrollarse, aprender, insertarse en el mundo.
De a poco, se supone, va corriéndose de sí mismo para ir adquiriendo un rol solidario, altruista, constructor de shalom también con el prójimo y el ambiente.
Llegado a la madurez, es cuando debiera haber reducido su egoísmo a la mínima expresión, aquella que es necesaria para su sostenimiento y que podemos denominar como “egoísmo positivo”.

Pero, presenciamos a diario manifestaciones de egoísmo en personas grandes, con años encima.
Se comportan como bebes en cuerpos crecidos.
Pendientes solamente del placer del momento, de sus deseos, de sus menudencias, de sus sufrimientos, de acaparar, de reclamar y exigir, de creer que el mundo son ellos y el resto está para servirles sin chistar.
Sí, hay tantísima gente así (y podemos ser tú y yo también, que conste).

Esta gente actúa así porque no ha conseguido desarrollar sus potencialidades, siguen reducidos, doblegados, carentes de amplitud.
Sí, podemos ser comprensivos, admitir esta debilidad que les esclaviza, pero no por ello sumarnos o hacernos cómplices de su infancia no superada ni aprovechada.

El egoísta es un bebe, o un infante, que se revuelve en un cuerpo de persona mayor.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

13 Comentarios en este estudio

  1. Eso me recuerda mi duda a las terapias que pretenden alentar no se qué a la gente diciéndole que «saque su niño interior», desconociendo que un niño -por razones lógicas- es el epitome del egoísmo

    1. exacto,
      quizas para los q no han madurado, cosa q ocurre a menudo, es necesario reencontrar a ese niño para llevarlo de la mano a la maduracion…
      pero eso no significa ser por siempre el niño.
      la parte noble de la niñez, se mantiene sin necesidad de cosas misticas o similares.

  2. Yo he pensado que nosotros vivimos en sociedades a las que llamo de «apreciación inversa de las generaciones»: amamos la juventud (exageradamente) pero abandonamos la vejes (exageradamente)

      1. algunos, pero no creo que con la profundidad necesaria pues en los últimos años buena parte de la antropología se ha perdido, a mi parecer, en un marasmo de insulso postmodernismo pseudo-intelectualidad y pocas cosas urgentes se están tratando

      2. Pues en un tiempo la izquierda hizo un gran aporte a la antropología en especial en los análisis marxistas de la economía, pero se dogmatizaron muchísimo y abandonaron los enfoques psicológicos a mi parecer tan importantes para desarrollar aspectos teóricos desde el individuo

      3. es q lo bueno q haya podido tener la ideologia marxista quedo tapada con todo el estiercol q es el EGO del marxismo y sus sucesores…

      4. Si, por que el marxismo se embadurno de elementos que lo fueron alejando de la ciencia y prefirió la imagen dogmática de sus líderes que hundió todo el estudio en el personalismo sectario y ultranacionalista… y los primeros afectados: los niños

  3. Si hay algo que nunca debieramos perder. Y que no es parte exclusiva de la niñez, es esa capacidad para asombrarse por el mundo alrededor. Lastimosamente es lo primero que se pierde. Y no por cuenta propia, sino por la presion de la sociedad.

    Recuerdo una vez que me puse a ver un documental de animales, peculiarmente fue una de las pocas veces que mi sobrino dejó los dibujos animados por cuenta propia, porque le gustaron los animales mas que los dibujos.

    Es triste ser de los pocos que siguen conservando ese espiritu de busqueda y asombro.

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