¿EGO localizado?

YR Por Rav Yehuda Ribco
06/11/2014 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

¿EGO localizado?

Por Rav Yehuda Ribco • 06/11/2014 • Material de estudio para la mesa de Shabat

El EGO NO ES una metáfora, es el nombre que –en lo personal- asigno a una específica zona y determinadas funciones del cerebro (¿solamente humano? creo que no). Ya hemos compartido en otras oportunidades ubicación y designación que emplean las neurociencias. También se le puede llamar por su nombre tradicional, Ietzer haRá, tratando de no confundirlo con las imágenes que se han tejido a su alrededor que tenían una función explicativa.

El EGO es parte normal y natural de la especie humana, no es una construcción social ni depende de elecciones personales, sociales o culturales. Así como tenemos, por regla general, dos brazos o nariz, también contamos con esa sección del cerebro a la que llamamos EGO.

Dicho lo cual, debemos recordar que sobre la base biológica del EGO se forma también un hábito, a causa de las sucesivas reiteraciones de ciertos comportamientos que se convierten así en respuestas automáticas, inconscientes, que se disparan sin recurrir a la voluntad personal o a la elección del momento.

Entonces, el EGO dispara reacciones automáticas, tanto por estar codificadas de manera natural en nuestra naturaleza, como por ser hábitos que hemos ido adquiriendo con la repetición de conductas.

Está bien que así sea, el EGO NO es un enemigo, siempre y cuando no esté ocupando lugares y funciones que no le competen.
Por ejemplo, como mecanismo reactivo en situaciones de real impotencia, cuando lo que se precisa es una respuesta automática, veloz, entonces el EGO es nuestro mejor aliado. Para eso precisamente fue diseñado por nuestro Creador.
Pero, cuando es una situación de impotencia sentida, donde no hay una agresión material concreta, entonces las reacciones del EGO no resuelven (por lo general), sino que seguramente amplifican el problema, enroscan en una espiral de confusión, caos y malestar.

Visto lo cual, ¿podríamos decir que el EGO varía de acuerdo al país, región, ciudad, barrio, vehículo en el cual te movilizas, etc.?

Me parece que el EGO y su actuación seguiría siendo el mismo, allí en donde estemos, pero lo que varía podría ser:

  • los estímulos que lo disparan,
  • las costumbres que incentivan e intensifican su uso en ocasiones no acordes a su naturaleza.

En principio, y sin mucho análisis, cuando se vive en una casa campestre, sin el estrés típico de las grandes ciudades, es muy posible que no nos agredan tantos estímulos negativos, que nos hacen sentir en impotencia. Por supuesto que estaremos en situaciones de real impotencia, y de impotencia sentida, hasta en el lugar más pacífico y paradisíaco. No precisamos de otras personas para ser débiles o sentirnos ineptos. Nosotros mismos, cada uno de nosotros, nos encargamos de limitarnos, o la realidad nos impone su presencia con nuestras limitaciones. Pero, cuando uno se aparta de las tensiones de los centros urbanos, de las disputas por tonterías pasajeras, por demostrar que se tiene poder, por alcanzar metas sociales que poca relevancia verdadera tienen, entonces las agresiones reducen su número y alcance.

Además, cuando uno se ha criado, o se ha mudado, a una zona donde se enseña a vivir en armonía consigo mismo, con el prójimo, con el ambiente; donde se prioriza el verdadero trabajo espiritual y no las apariencias, de cualquier tipo; donde se lleva una existencia de aceptación de los límites y esfuerzo en superarse; donde se relaciona a través de la Comunicación Auténtica; donde se construye Shalom constantemente a través de conductas de bondad Y justicia; entonces, es más que probable que el EGO esté circunscripto a sus funciones específicas y necesarias, y poco avance en conquistar áreas que no le pertenecen. ¿Hay comunidades así?

Mira que diferente sería el avance del EGO cuando se está en medio del estrés de la ciudad, con ruidos, apuros, malos olores, escenas desagradables, inseguridad, miedos, exigencias, hacinamiento; y por si fuera poco, educados para reaccionar instintivamente, a los gritos, insultando, manipulando, pegando, amenazando, destruyendo, mintiendo, etc.

Tanto en la sociedad ideal como en la otra el EGO sigue existiendo, sigue siendo ese componente natural de nuestra especie, pero en una y otra se manifiesta de maneras diferentes. En una como aliado, en la otra como adversario.

Ahora, me pregunto, ¿será posible construir sociedad, familias, individuos, donde se lleve una existencia más cercana al ideal? O, ¿estamos condenados a seguir repitiendo los patrones distorsionados de existencia, que soportamos desde Adán y Eva hasta la fecha?

Me encantará leer tus opiniones, comentarios, preguntas, todas las cuales no se si responderé, pero seguramente leeré y tendré en cuenta.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

5 Comentarios en este estudio

  1. Cuando se conoce el origen de la enfermedad, es cuando se le puede dar el tratamiento efectivo.
    De a poco, hemos descubierto el orgien de los males del hombre moderno; el ego completamente desubicado de su lugar natual, y en (aparente) sincronización con el del colectivo.
    El darse cuenta de esta realidad e intentar Comunicación Auténtica, canalizar las energías vitales ególatras y no dejarlas inconadas, entre otras actitudes, sería el tratamiento a los males contemporaneos.
    Es posible una sociedad asi? parece que sí es posible.

    Gracias More por continuar el aporte.

  2. Si se me permite quisiera anexar un poco de un articulo en la revista QUO, en el que hablan de «La Ciencia del Pecado». Por supuesto carece totalmente de componentes religiosos, mas allá de la mención de la palabra «pecado».

    AVARICIA
    «Hans Breiter especialista en la neurociencia de la emocion y motivación del Hospital General de Massachusetts, descubrió que el ansia por el dinero activa las mismas regiones del cerebro que el ansia por la cocaína o el sexo: los ganglios basales, una zona cerebral involucrada con las emociones del placer. Para el biólogo molecular John Medina, la avaricia se relaciona con el temor a perder lo que tenemos. Así la gran responsable de este «pecado» es la amígdala, aquella estructura cerebral encargada de dar voz de alarma cuando sentimos temor.

    PEREZA
    Como sugieren varios psicólogos, el hecho de quedarse quietos y no hacer nada podría tratarse de un mecanismo de defensa: el acto de evitar o postergar lo que se percibe como desagradable o incómodo. […] Nuestro cerebro – hecho a la medida de la época en que éramos cazadores y recolectores – atribuye un valor muy superior a aquellas satisfacciones materiales e inmediatas respecto a las que tardan más tiempo en concretarse…

    GLOTONERIA
    Los científicos saben que las mismas neuronas que controlan el apetito desde el cerebro, también están relacionadas con la búsqueda de novedades y la atracción por las drogas. Estudios demuestran que los alimentos con alto contenido de grasas, azúcar y sal tienen efecto similar al de la cocaína y la heroína.

    SOBERBIA
    Para psicólogos como Jessica L. Tracy, de la Universidad de Columbia Britanica, la soberbia u orgullo es aquella fuerza emotiva que nos impulsa a sentirnos bien con nosotros mismos y a conquistar mayores logros. […] Tracy descubrió que se puede experimentar de dos maneras: una positiva, que nos motiva a trabajar mas duro, y una negativa que nos lleva a ser arrogantes y egoístas.

    LUJURIA
    La neuropsicóloga Feggy Ostrosky, investigadora de la UNAM, comenta que durante la actividad sexual el cerebro produce un poderoso coctel de qupimicos que nos hacen sentir muy bien. Algunas personas se vuelven adictas a ellos. Su cuerpo desarrolla tolerancia y cada vez necesita más para sentir lo mismo.

    ENVIDIA
    Para investigadores como el español Antonio Cabrales, este sentimiento tiene fuertes raíces evolutivas: a la hora de tomar decisiones, las personas no solo se guían por su propio beneficio sino también por las ganancias materiales que pueden tener otros individuos cercanos. Para este especialista de la Universidad de California, la envidia es el resultado de una competición por unos recursos limitados. «Para el ser humano, la victoria no solamente depende de tener mucho, sino de tener mas que el otro».

    IRA
    Cuando nos enfadamos, nuestro sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino atraviesan por grandes cambios: se produce un incremento de la frecuencia cardíaca, de la tensión arterial y de la testosterona, hormona vinculada a la conducta agresiva.

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    Como podemos notar, todas estas conductas «reprobas» tienen su origen basicamente en la lucha por la supervivencia, la obtencion de placer y la defensa de cualquier cosa que puede ser perjuiciosa, las cuales, si bien no son malas por si mismas, al no tener autocontrol pueden provocar estragos, a veces serios, en nuestras relaciones con otros, en nuestra salud y practicamente en todo nuestro ser.

    No es necesario estar completamente de acuerdo con lo que sugieren, pero todo esto nos hace pensar en como vemos y soliamos ver lo que es malo y obviamente si el tratamiento que en otro tiempo pudimos haberle dado, fue el correcto.

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