Para compartir tu bendición, primero debes llenarte tú.
Tal como una copa debe estar rebosante para derramar su bendición hacia fuera.
Llena tu vida con buenas acciones, con verdadero pan espiritual, con bondad y justicia, con lealtad.
Solamente cuando tu alma esté nutrida y equilibrada, estarás preparado para ser de bendición.
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