Encuentra la chispa divina que hay en ti
y en el prójimo.
Hazla deslumbrar en todos tus pasos
y ayuda al prójimo a hacer así mismo.
Emplea las herramientas que Dios te dio
y alumbra sin pausa pero sin impaciencia,
ilumina dentro de la oscuridad para que sean más y más los que perciban la Luz.
Vive en este mundo tal como Dios te encomedó,
ese es todo «el secreto».
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